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Los mayores en pandemia: más WhatsApp y videollamadas y de espaldas a internet

Un estudio realizado a pensionistas revela que el 85% «tiró» de la mensajería instantánea para el contacto con sus familiares y amistades

Corrillo de personas mayores. | INFORMACIÓN

La comunicación y las relaciones sociales no fueron para todos igual durante el covid. Una consecuencia que vemos ahora tras un año y medio de pandemia. Este virus dejó entrever «las costuras que tiene la población con respecto al conocimiento y las nuevas tecnologías. No solo entre las personas mayores que, a lo mejor, pensamos que pueden haber sido las más afectadas, sino entre los propios jóvenes, puesto que en condiciones de no pandemia ya partíamos de una serie de desigualdades que posiblemente con la pandemia se han visto agravadas», señala Liberto Carratalá, profesor del Departamento de Sociología I de la UA.

La brecha digital es una realidad en todas las horquillas de edad. No todo el mundo tiene acceso a Internet en casa ni dispositivos móviles. Algo más normal entre la población de la tercera edad. Aunque no es del todo cierto como este profesor destaca, basándose en un estudio de la Unión Democrática de Pensionistas. «Las cifras han apoyado el hecho de que la gente mayor de 65 años ha utilizado mucho el WhatsApp y les ha permitido estar en contacto con sus familias y amistades. Los datos dicen que el 85% de estas personas usan WhatsApp y en los jóvenes podemos decir que es del 100%. Y hasta un 50% de mayores de 65 años han conseguido hablar con sus amigos y familiares por videoconferencia. Mientras que un 40% no ha utilizado nunca internet», destaca Carratalá, refiriéndose a las estadísticas de la UDP.

La cantidad de mayores de 65 años que utilizan estas aplicaciones no es nada desdeñable, sí es cierto que la mayoría se apoya en sus hijos y nietos para aprender a utilizarlas.

La diferencia entre ambas generaciones es clara en cuanto a la utilización de estos dispositivos. Mientras para unos sirve como vehículo de comunicación con familiares y amigos en una época donde las restricciones de movilidad impedían hacerlo cara a cara, para otros, como los jóvenes, «las redes sociales se quedaron cortas para reproducir la cotidianeidad de lo presencial y las reuniones más multitudinarias de la gente joven», indica este profesor. Unas diferencia de socialización que la pandemia puso de manifiesto.

En las relaciones sociales la tradición y la costumbre tienen gran peso, sobre todo en las pequeñas poblaciones de la provincia, donde gracias al clima, no es extraño ver corrillos de señoras mayores en las plazas y callejuelas. Comparten vivencias, recuerdos, chascarrillos, anécdotas y, a muchas les sirve de terapia para evitar la soledad y el aislamiento. En estos entornos rurales, los vecinos juegan un papel fundamental, a veces más que la familia. El sociólogo Liberto Carratalá define así la situación: «las mujeres sacan su silla a la puerta de casa y los hombre se van al bar a jugar las partidas de dominó. Han interiorizado desde bien pequeños que esta es la forma de socializar con otras personas, cada uno a su manera. Es la ciudad se hace de una forma estricta, en el pueblo pesa más la tradición y la costumbre, socializan de forma distinta».

De ellas, no todas tienen móvil, y la que lo utiliza, lo hace para comunicarse por teléfono con su hija y su nieto que viven en Madrid. Nada de WhatsApp ni videollamadas, solo llamadas de teléfono, buscando el número en la agenda y la zona con mejor cobertura de la calle. Y algo separada del resto del corrillo para mantener más intimidad. Después lo trasladará al tema de conversación en el corrillo.

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