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Fernando Ull

Extrema gravedad

Primera jornada de cierre total de la hostelería en Alicante

Primera jornada de cierre total de la hostelería en Alicante

Las medidas anunciadas por Ximo Puig dirigidas a bajar el alarmante ritmo de contagios por coronavirus en el que nos encontramos en la actualidad no pueden ser calificadas una mala noticia por cuanto son inevitables si queremos que la principal consecuencia del aumento de contagios, es decir, el fallecimiento de parte de las personas infectadas, se reduzca de forma total. El cierre de la hostelería y del comercio a las seis de la tarde va a suponer un duro golpe para dos sectores que ya se encuentran en una situación muy delicada, pero aunque se trate de una decisión muy drástica y sea un intento de frenar la expansión de la pandemia, que en este momento está descontrolada, es lo único que se puede hacer hasta que los efectos de la vacuna se generalicen en la población española.

Todos los intentos que se han hecho hasta la fecha tanto por el Gobierno central como por los de las comunidades autónomas para evitar la propagación del virus, han caído en saco roto. Si los españoles hubiésemos seguido al pie de la letra las indicaciones emanadas de los responsables sanitarios encaminadas a evitar la propagación del virus covid-19 no nos encontraríamos en la situación de extrema gravedad sanitaria actual. Es cierto que una gran parte de la población ha hecho lo correcto y con ello han protegido a su entorno y a ellos mismos, pero otra parte de los españoles no solo han seguido con sus vidas de manera habitual si no que han hecho lo que les ha venido en gana. Y son estos hombres y mujeres, con nombres y apellidos, los culpables de que el virus se haya extendido de manera exponencial. No los gobernantes.

Da igual que el personal sanitario haya advertido hasta la desesperación en los medios de comunicación y en las redes sociales que las actitudes incívicas contrarias a las recomendaciones anti covid-19 suponían un aumento de ingresos hospitalarios. Cualquiera pudo ver, ya desde mayo, cuando comenzó la desescalada tras el confinamiento, que había quien vivía como si no hubiese pasado nada, como si los periódicos y las televisiones no hubiesen informado todos los días sobre esta pandemia y el demoledor resultado que ha tenido para la economía y para miles de personas que han perdido la vida. ¿Cómo nos juzgarán las generaciones futuras? ¿Sabrán distinguir a aquellos que siguieron a conciencia las normas estatales y autonómicas para evitar la propagación del virus de aquellos otros que les traía sin cuidado?

La única manera de parar la escalada de contagios es restringir al máximo los contactos entre personas. Y buena parte de esos contagios se dan en bares, cafeterías y restaurantes por mucho que los dueños de estos locales hayan aplicado en su gran mayoría las normas de comportamiento destinadas a evitarlos. Da igual que existan estas medidas en locales de cualquier clase si las personas que se reúnen en ellos las incumplen sistemáticamente. Se vuelve a poner en evidencia la responsabilidad de una parte de la sociedad española en la expansión de la pandemia. Ante la imposibilidad de que haya un policía al lado de cada persona la única solución es cerrar los establecimientos donde se producen reuniones indebidas. Lo próximo será el confinamiento total.

Al mismo tiempo se deben aprobar ayudas económicas para todos aquellos autónomos y empresarios que además de ver mermadas sus ventas en los últimos meses tienen que volver a sufrir un cierre total. Por ello, y para evitar un daño económico que tenga muy difícil reversión, fue tan imprescindible la aprobación de los Presupuestos Generales del Estado. Sólo con su entrada en vigor la Unión Europea puede transferir las ayudas económicas que se aprobaron en su momento para paliar los efectos de la pandemia gracias al trabajo de Pedro Sánchez, siendo España uno de los países que más dinero va a recibir. Por eso fue tan dañino para España el boicot del Partido Popular al Gobierno de Pedro Sánchez negando cualquier posibilidad de acuerdo en relación los presupuestos, negativa que supuso una pérdida de tiempo ahora que tanta falta nos hace para todo: para vivir y para reconstruir. Ante una situación tan dramática como la actual, con importantes sectores de la economía (como es el turismo) parados o a punto de hacerlo y con una crisis sanitaria como nunca se había dado en nuestro país, hubiese sido de gran ayuda que el PP se hubiese olvidado del frentismo y la confrontación total apoyando al Gobierno y, sobre todo, dando orden de colaborar y de no poner obstáculos a las comunidades autónomas con gobierno popular.

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