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Joaquín Rábago

Criticar el pasaporte Covid no es negar el virus ni estar contra las vacunas

Criticar el pasaporte Covid no es negar el virus ni estar contra las vacunas

Es tan fuerte la presión de la política y en general de los medios de todo el mundo a favor de vacunación contra el Covid-19 que resulta difícil a veces escuchar las voces discordantes.

Voces como la de conocidos filósofos italianos como Giorgio Agamben, Massimo Cacciari o Gianni Vattimo, que alertan del abuso que hacen los poderes de las medidas contra la actual pandemia.

Agamben, por ejemplo, denuncia el hecho de que el decreto ley italiano sobre la aplicación del allí llamado “green pass” (certificado covid digital) exima de responsabilidad al Estado de cualquier futuro daño que puedan sufrir los vacunados.

Al mismo tiempo, critica el autor de “Homo Sacer” y “Estado de Excepción”, las autoridades obligan de hecho a los ciudadanos a vacunarse al excluir a quienes no se vacunan de la vida social y privarles incluso de la posibilidad de trabajar, “situación jurídica y moralmente anómala”.

Para ir al restaurante, entrar en un museo, subir a un avión o un tren e incluso en muchos casos para poder trabajar, es necesario mostrar el pasaporte sanitario, se queja el filósofo.

“Nuestras sociedades, señala Agamben, hace tiempo que dejaron el modelo disciplinario y pasaron al modelo de control: un control digital y virtualmente ilimitado de los comportamientos individuales”.

Para Agamben, la seguridad y el estado de urgencia no son fenómenos transitorios, sino constitutivos de “una nueva normalidad”.

Se trata de vaciar al Parlamento de sus poderes legislativos y aprobar en nombre de la “bioseguridad” decretos que “emanan de organizaciones que poco tienen que ver con el Parlamento”.

De similar opinión es su colega y ex alcalde de Venecia Massimo Cacciari, para quien el “green pass” es la última norma confusa y contradictoria” del Gobierno del tecnócrata Mario Draghi.

“¿No basta con las vacunas?, se pregunta Cacciari, que denuncia “un método subrepticio para prolongar hasta el infinito, tal vez con vacunaciones sucesivas, una especie de “micro-confinamiento”.

En opinión de ese filósofo católico, criticar el pasaporte Covid no equivale a negar la existencia del virus ni tampoco estar en principio contra las vacunas, pese a lo que puedan sostener algunos.

No se trata, en efecto, de nada de eso, sino de la posibilidad de poner en tela de juicio la congruencia de las actuales políticas de gestión de la pandemia y la obligatoriedad del certificado digital.

También para Gianni Vattimo, el profeta del “pensamiento débil”, la obligatoriedad de la vacunación contra el Covid es no sólo un error, sino que es además anticonstitucional.

En la vecina Francia, la presidenta de la Comisión nacional Informática y Libertades, Marie-Laure Denis advierte de que la adopción por el poder ese tipo de medidas crea un peligroso precedente.

“Hay un riesgo cierto, señala, de que nos acostumbremos a tales dispositivos de control informático, de trivialización de gestos que atentan contra la vida privada, de deslizamiento, en asuntos también que no tienen que ver con la salud pública, hacia un tipo de sociedad donde tales controles pasarían a ser la norma y no la excepción”.

Denis se dice preocupada por “la magnitud de los ataques a los derechos y libertades fundamentales”, por la puesta en tela de juicio de “los principios de circulación y de anonimato considerados desde hace mucho tiempo constitutivos del pacto republicano”. ¿No merece la pena reflexionar al menos sobre todo eso?.

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