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Doménec Ruiz Devesa

Diez días que cambiarán Europa

La bandera de la Unión Europea, en una imagen de archivo. HERWIG VERGULT

El período entre el 29 de abril y el 9 de mayo de 2022 será visto en el futuro como una fase fundamental en la historia de la construcción europea, pues cataliza institucionalmente la aceleración que está imprimiendo al proyecto común, primero la pandemia, y después la agresión de Putin a Ucrania.

El 29 y el 30 de abril concluía la Conferencia sobre el Futuro de Europa, en la cual han trabajado durante un año, jurados ciudadanos elegidos aleatoriamente, organizaciones de la sociedad civil, y representantes de todas las instituciones, y parlamentos nacionales. El mensaje principal que emana de esta pionera experiencia de democracia participativa europea es la necesidad de más y mejor Europa.

Más Europa quiere decir más capacidades de la Unión para actuar frente a los grandes retos transnacionales a los que nos enfrentamos: cambio climático y energía, migraciones, digitalización, pandemias, y ahora también la seguridad y la guerra. Que necesitamos más soberanía europea para poder proteger nuestros intereses vitales, incluyendo el aprovisionamiento energético, alimentario, médico, y tecnológico, es evidente. Las dos crisis, la de salud pública, y la bélica, ponen de relieve la debilidad de Europa en la disponibilidad de elementos de primera necesidad, desde el paracetamol a la electricidad, pasando por los piensos para el ganado y otros productos esenciales. El rearme, energético, industrial y agrícola de nuestro continente es inaplazable, junto con el refuerzo de la dimensión climática y social. Hemos de incorporar al Tratado un protocolo social y otro ecológico, que recoja los derechos sociales al mismo nivel que las libertades de mercado, y la neutralidad climática. También una Europa más soberana en el ejercicio de su política exterior y de defensa es fundamental para proyectar nuestros valores, preservando así el Derecho Internacional y las normas como vectores de las relaciones internacionales, frente a las dinámicas del poder y la fuerza, cuando no de la pura agresión, como en el caso ucraniano.

Mejor Europa significa que ésta sea más transparente, eficaz, y democrática. Por un lado, resulta imperativo que el Consejo, donde toman las decisiones los veintisiete gobiernos, deje de ser una institución fundamentalmente opaca, y cuyas tomas de posición solo se conocen por filtraciones a la prensa y no siempre. Pero sobre todo debe de abandonarse la regla y la cultura de la unanimidad, que permite a un solo país bloquear importantes medidas, en momentos particularmente difíciles como el actual, como la adopción del sexto paquete de sanciones propuesto por Josep Borrell, relativo a la prohibición de importar petróleo y gas de Rusia. Por último, la Unión debe ser más democrática. Tras la adopción del Plan de Recuperación dotado de 750.000 millones de euros, y de programas de financiación de los ERTEs (SURE), o de ayuda militar a Ucrania (Facilidad de Paz Europea), es evidente que la Unión está reforzando su papel como agente de gasto e inversión, y lo deberá ser todavía más frente a la inflación y una posible recesión como consecuencia de la misma. Pero esto requiere ya de una mayor legitimación democrática, particularmente mediante el refuerzo del Parlamento Europeo, de modo que decisiones tan importantes como éstas se tomen exclusivamente por los gobiernos. En otras palabras, las nuevas uniones en los campos migratorio, defensivo, energético, y social, requieren de una plena unión política y constitucional que las sustente. Es necesario igualmente que la Unión sea más participativa, con una implicación directa de los jurados ciudadanos en la toma de decisiones, como ha sido el caso en la propia Conferencia.

En definitiva, la Conferencia reclama el sentir general de la ciudadanía y de las instituciones por una Europa más federal, lo que implica adoptar un nuevo Tratado. Solamente la ultraderecha, incluyendo a Vox, se ha posicionado en contra. En consecuencia, el Parlamento Europeo adoptó el 4 de mayo y por amplia mayoría una resolución en la que apoya las conclusiones de la Conferencia y reclama la convocatoria de una Convención constitucional para hacerlas efectivas. Se espera que el Consejo Europeo adopte la propuesta en las últimas semanas de la presidencia francesa a finales de junio de 2022, en línea también con los discursos de Von der Leyen, Metsola, y Macron del 9 de mayo en Estrasburgo.

Todo ello ha coincido con otro hito, la aprobación el 3 de mayo por el pleno de la Eurocámara de la propuesta de nueva ley electoral europea de la que he sido ponente. Por primera vez, ha salido adelante la idea de establecer una circunscripción electoral paneuropea adicional a las nacionales que muestre a los candidatos a presidente de la Comisión en todos los Estados miembros, genere un debate transnacional al momento de las elecciones europeas, y visibilice a los partidos políticos europeos, cuyo nombre y logo deberá figurar en la segunda papeleta de voto. Ésta ha sido además una de las reclamaciones del panel ciudadano de la Conferencia. Si el Consejo acepta la moción del Parlamento, se dará un paso de gigante en la conformación de un verdadero demos europeo.

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