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Juan R. Gil

El golpe

El adiós de Vicent Marzà como conseller de Educación FERNANDO BUSTAMANTE

El conseller de Educación, Vicent Marzà, referente político de Més Compromís en la fuerza que lleva por apellido el nombre de toda la coalición (¡tiene narices!), presentó ayer por sorpresa su renuncia al cargo. Todo el mundo dice que con ello, Marzà pone en el disparadero a la líder de la marca, la vicepresidenta del Consell Mónica Oltra, que se resiste a dimitir y apartarse a un segundo plano mientras los tribunales dirimen si su departamento obstaculizó la investigación sobre los abusos a una menor que cometió su exmarido. Si Marzà, sobre el que no pesa sospecha alguna, dimite, qué no debería hacer quien, como Oltra, está al borde de una imputación por parte del TSJ.

Y claro que lo que Marzà hizo ayer debe leerse en el marco de las luchas intestinas que se libran en Compromís para destronar a Oltra y relevarla en la candidatura a la presidencia de la Generalitat en las próximas elecciones. Es un golpe de mano en toda regla, como lo prueba el hecho de que hasta el último momento Marzà le ocultara a Oltra sus intenciones; que compareciera para anunciar su abandono del Consell acompañado por la secretaria general de su partido, y no por la vicepresidenta ni por nadie que representara a toda la coalición; y que no descartara asumir la candidatura, abriendo «oficialmente» la competición por ella.

Pero a quien de verdad le pega un tiro es a Ximo Puig. Porque la situación de Oltra es, lo admitan o no ella y Compromís, insostenible políticamente. Lo que quiere decir que, si no es hoy, será mañana. Pero Marzà con su imprevisto movimiento, lo que hace es dejar sin margen político al jefe del Consell, poniendo en evidencia que no tiene control sobre lo que en su gobierno se mueve. Puig había dejado claro que pensaba remodelar su gabinete, para darle nuevo impulso, pero ahora ya no podrá hacer una crisis: se la han hecho. Ni siquiera los tiempos son suyos. Con socios como éstos, ¿para qué necesita el PSOE rivales?

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