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Eugenio de la Cruz Amorós

Eugenio de la Cruz Amorós

Comité de Salud Medioambiental de la Asociación Española de Pediatría

Nosotros cuidamos lo nuestro

Los microplásticos invaden nuestro cuerpo; muestra recogida en el polvo de una casa Dick Vethaak

El colillero playero forma parte de un subgrupo especial dentro de los fumadores que no aprende la lección, no se entera o si lo hace disimula muy bien.

Todos los años la misma visión: fumador/a consumiendo cigarrillos en la playa y cuando lo termina, plácidamente y con mínimo disimulo introduce la colilla en la arena, hace un pequeño montoncito y hasta el siguiente cigarrillo. Lo veo, me indigno me digo “ves y dile algo” o “saca la colilla de su nicho y tírala a la basura a ver si así se da cuenta y el siguiente ya no lo entierra”, pero no, debe ser que la nicotina le nubla el cerebro y el enterramiento de la siguiente colilla se hace inevitable. Te preguntas: ¿por qué dejamos que lo haga impunemente?, ¿tirará en su casa la colilla en medio del pasillo la pisará y la dejará allí hasta que alguien la retire?, ¿qué se cree que es la playa un enorme cenicero?, ¿por qué tengo que colocar mi toalla en una superficie llena de colillas?

Las colillas (el filtro) no es biodegradable, está compuesto por unas 15.000 fibras llenas de nicotina, alquitrán e hidrocarburos policíclicos (muy tóxicos para el medio ambiente) y son una gran fuente de microplásticos que pueden incorporarse a la cadena trófica.

Pues bien, con ánimo de ayudar dejo algunos consejos para disuadir al colillero/a playero/a y en pro de la naturaleza:

Normativa local que limite el consumo de tabaco en la playa a zonas concretas o directamente prohibición de fumar en las playas, sería lo mejor. Recuerdo que en los bares/restaurantes no está permitido fumar y siguen llenos.

Multas por tirar o enterrar las colillas en la arena o consumir fuera de las zonas acotadas.

Carteles informativos en las entradas a la playa que avisen del perjuicio y la posibilidad de ser multados a la vez que adviertan que nuestras playas están protegidas y vigiladas por nuestras instituciones.

Publiciten con coherencia, olvídense del “Nicotino, orgullosos de usar la arena como cenicero personal” anuncio de hace unos años esperpéntico, ambiguo y que da la sensación de animar al consumo (no será la primera vez), los siguientes que han sacado andan por un estilo similar.

Como mal menor repartan ceniceros individuales a los fumadores, si es problema de dinero que los patrocine cualquier organización de salud o empresa no ligada a la industria del tabaco, si no la concejalía pertinente que es lo suyo, y de paso que asocien algún eslogan para la salud.

Sensibilicen a la población de que nosotros cuidamos lo nuestro que al fin y al cabo es lo de todos y es el futuro.

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