El pan y circo es una locución latina peyorativa que se ha venido utilizando a lo largo de los siglos. Hace una similitud a la práctica de un gobierno que, para mantener tranquila a la población u ocultar hechos controvertidos, provee a las masas de alimento y entretenimiento de baja calidad y con criterios asistencialistas. Se acostumbraba a ofrecer el pan y circo al pueblo a cambio de obediencia, de su confianza y de mantenerse alejados de los asuntos que preferían conservar dentro del círculo político.

En la actualidad asistimos a un escenario muy particular con índices razonables de comparación al declive del imperio romano. En términos macroeconómicos el futuro no parece demasiado esperanzador y todo apunta a una recesión económica.

La receta parece ser la de seguir aumentando los niveles de deuda pública, de ayudas asistenciales, el aumento de las retribuciones de empleados públicos y de pensiones. Expansión de lo público frente a la búsqueda de la optimización y calidad de los servicios públicos. Eficiencia y control frente al desmadre institucional de creación de chiringuitos en una crisis económica en ciernes.

Lejos quedan las medidas de disminución de la deuda pública y seguimos agrandando la enorme fortuna de deuda per cápita a las futuras generaciones, tanto en términos de deuda como de falta de compromisos medioambientales. Alguna vez nos lo reclamarán muchos de quienes todavía no han nacido.

Se aumentan los periodos de cálculo para tasar la pensión. Se aumentan las cotizaciones a la Seguridad Social para tener más recaudación pero no se vincula a la limitación en el cálculo de pensiones máximas.

La escalada en degeneración institucional y política va creciendo. No hace falta mencionar alguna de las cuestiones que están ocurriendo. Cada semana se superan los niveles de la anterior. Si hace unas semanas se esperaba un gran acuerdo de renovación en el CGPJ, cualquier atisbo de acuerdos o Pactos de Estado ha saltado literalmente por los aires y hasta que los nuevos escenarios políticos no queden resueltos tras los intensas semanas de campaña electoral no se producirá consenso alguno.

¿A quién le interesa la polarización política? Hay quien ha entendido la polarización política como la forma de obligar al posicionamiento político de cualquiera de los estratos sociales. Incluso a quien era más ajeno a lo político siente que lo político ahora es determinante para su día a día. También quien critica la polarización pero sin embargo, con sus estrategias políticas la promueven. Interesa al Gobierno de la nación o del Estado para quien le guste más dicha nomenclatura, la polarización además de una polarización de los partidos más a la derecha y más a la izquierda.

Si vemos al dúo Pimpinela o pelea de gallos Iglesias-Díaz en el ámbito del posicionamiento más a la izquierda del espectro político alentado por las propias terminales mediáticas de la izquierda al dictado de los argumentarios de La Moncloa que siguen a pie juntillas también contertulios pluriempleados y líderes de la izquierda. Lo mismo ocurre en el ámbito de la derecha con el dúo Abascal-Olona cuyo reentrada en el ámbito político es inminente si alguna vez lo dejó.

Está clara la estrategia de captar en el PSOE el voto de Podemos. El voto que quede de Podemos fagocitarlo con el proyecto político de Yolanda Díaz. Y en el ámbito de la derecha intentar dividir el voto de Vox para quienes no van a volver a votar a PP por cuestiones ideológicas y pretende dividir dicho voto con el nuevo proyecto político de Macarena Olona. Además de prometer y actuar con cuestiones ideológicas a los votantes de la izquierda para garantizar su movilización y participación en los escenarios electorales. De esta manera, en cualquier circunscripción donde el PSOE sea primera fuerza política por esa fagotización de partidos le primará gracias a los restos de los votos gracias a la Ley D’Hondt. Además de esperar en el tiempo para ver si baja los índices de intención de voto al PP.

Entre tanto ruido en las últimas semanas, asistimos a una degeneración política en nuestro país sin precedentes donde se han roto cualquier límite de la ética pública o unas mínimas normas morales. Pero eso va a quedar en un segundo escenario porque se apela a los sentimientos frente a lo racional.