Opinión | CRÍTICA TEATRO

Cuestión candente en “Hechos y faltas”

Una escena de la obra "Hechos y faltas"

Una escena de la obra "Hechos y faltas" / INFORMACIÓN

Hechos y faltas

TEATRO PRINCIPAL DE ALICANTE

** ½

De Jeremy Kareken, David Murrell y Gordon Farrell. Traducción, adaptación y dirección: Bernabé Rico. Producción: TalyCual y Mejor Teatro

Siguiendo la máxima que se le atribuye a Groucho, «estos son mis principios. Si no les gustan tengo otros», y a partir de una determinada noticia, se establece la obra, con autoría de Jeremy Kareken, David Murrell y Gordon Farrell, sobre un tema candente que subyace en el fondo más que en las formas. Bulos, noticias falsas y la desinformación interesada para desprestigiar al vecino o hacer negocio fácil con sensacionalismos de baja especie.

En «Hechos y faltas» tenemos a la redactora jefa de una importante revista y al becario discrepante, que debe verificar la crónica realizada por un prestigioso escritor, en relación con la tasa de suicidios en Las Vegas. Así, Ángeles Martín, Gonzalo Hermoso y Antonio Dechent interpretan esta fluida adaptación de Bernabé Rico, dirigida y traducida por él, que acaba de verse en el coliseo alicantino.

La estilización escénica les envuelve. Ella y el literato asumen los trazos irónicos y punzantes con veteranía. El actor más joven, muy correcto, actúa de forma automática, y nacen los antagonismos. A la hora de escribir valen la liberad narrativa, el estilo, la fidelidad y la creatividad. Es decir, los datos reales y la opinión. Así son las cosas y así se cuentan a través de una óptica subjetiva.

Diferente es la manipulación, falsear y la tóxica invención informativa que, aun no siendo un asunto estrictamente de ahora, hoy funcionan a toda máquina en determinados medios. En papel, digitales, televisivos, radiofónicos o redes sociales. Despropósitos sin pausa a través de las nuevas tecnologías principalmente. Muchos lectores, oyentes y espectadores, en suma, compran embustes de toda condición y exabruptos.

Este tipo de mensajes conforma una realidad paralela, demasiadas veces peligrosa. «No me importa la verdad. Me importa la veracidad», asegura el cronista. O sea, el rigor periodístico no. No es una novela. Se debe informar, formar y entretener como en el teatro. Las situaciones de la pieza no son todo lo amenas que quisiéramos, pero alientan la reflexión.