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Análisis

El día que las influencias giraron

La política autonómica explora una nueva etapa con el abalismo destronado y la elección por Pedro Sánchez de una ministra afín a Ximo Puig, a quien el presidente ha allanado el camino hasta el congreso del PSPV de noviembre

Puig y Ábalos (en el fondo) en el acto que Ferraz organizó en València en junio. | F.CALABUIG

Sábado de revolución. Un día de esos que se parece a una serie política: más Baron Noir que Borgen. Un terremoto que alcanza más allá de Madrid. La caída (con todas las letras) de José Luis Ábalos es la consecuencia más visible con mirada valenciana: tiene muchas connotaciones. Para los faltos de memoria, Ábalos fue el único cargo orgánico del PSOE (era secretario general en la provincia de València) que se mantuvo fiel a Sánchez tras su destronamiento del partido y antes de su regreso triunfal en las primarias de 2017. Por eso, la salida de José Luis Ábalos del Gobierno significa mucho. Y no solo del Ejecutivo central, también de la Secretaría de Organización del PSOE. De mucho a nada en un sábado de julio. Ya dicen en los pasillos de la corte que encima de ser ministro no quieras no tener problemas.

Sánchez se ha liberado de un plumazo de quienes durante mucho han sido sus dos grandes anclas: Ábalos e Iván Redondo. La relación entre ambos era difícil en los últimos tiempos, un periodo que ha coincidido con lo que se ha visto como un distanciamiento entre el presidente y el ministro que jugó un papel clave en la moción de censura contra Mariano Rajoy. En este tiempo se han sucedido los problemas para Ábalos. El Delcygate, el rescate de la aerolínea Plus Ultra, la estancia en Canarias pagada en efectivo por uno de sus colaboradores han sido temas que han servido a la prensa conservadora, con la que tan buen pie tuvo al principio, para cebarse con él. El fiasco de la operación de moción de censura en Murcia se puede considerar el golpe de gracia para el secretario de Organización.

Pero no es solo que Ábalos se marche. La entrada en el Ejecutivo como ministra de Ciencia de la hasta ahora alcaldesa de Gandía, Diana Morant, sugiere además un cambio de influencias en Moncloa. Morant está en las antípodas del llamado abalismo y es una persona de la total confianza del president de la Generalitat, Ximo Puig. Ha sido alcaldesa por él (sin olvidar el papel de José Manuel Orengo, su mentor político). Uno y otro son de los pocos que conocían el destino de la nueva ministra antes de que empezaran a salir filtraciones desde Madrid a media mañana.

La nueva situación de Ábalos tiene repercusiones también en el socialismo valenciano. La salida del hasta ayer ministro deja debilitado al abalismo, el fiel sector de la militancia local que se estructura a su alrededor desde los años noventa del siglo pasado y que fue uno de los pilares sobre los que Sánchez construyó su regreso a Ferraz.

Sucede además en un periodo previo a los congresos socialistas. En el caso del PSPV, la persona de confianza del exministro y secretaria general en la provincia, Mercedes Caballero, aventuraba hace unos días con una candidatura alternativa a Ximo Puig si este no integraba más. Pero la situación es otra desde hoy. Es posible que hoy se abra un futuro diferente para el PSPV, sin la dialéctica entre ximismo (concepto difícil de concretar) y abalismo. Es demasiado pronto para conclusiones, pero lo lógico es que Puig tenga entre el 12 y el 14 de noviembre un congreso más tranquilo que el de 2017 y que el que podía prever hace poco. ¿Puede un Ábalos que pierde poder ejecutivo y orgánico avalar una alternativa a Puig, a quien el presidente del Gobierno acaba de reconocer cierta autoridad con una ministra próxima a él? La lógica dice que no.

La caída de Ábalos tiene después una repercusión sobre el futuro de aquellos valencianos que han estado a su lado en Transportes (los últimos, Cristina Moreno y Francesc Romeu, pero también Juan Carlos Fulgencio, José Vicente Berlanga, Martín Navarro, Francisco Toledo y un puñado más) y también sobre la delegada del Gobierno, Gloria Calero, y los subdelegados provinciales.

A Ábalos le queda el escaño en el Congreso (Sánchez hizo una excepción con él y Carmen Calvo y no tuvo que dejarlo), a no ser que el presidente tenga algún destino especial para él. O que quiera jugar alguna carta en su tierra: difícil en el Consell, el Ayuntamiento de València ha sido su hábitat durante más de una década.

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