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Politóloga y profesora de Política de la Universidad autónoma de madrid.

Máriam Martínez-Bascuñán: «Europa no encuentra su sitio en la política exterior, ha quedado en medio de la lucha entre China y EE UU»

Máriam Martínez-Bascuñán, antes de la conferencia en la Sede de la UA. | PILAR CORTÉS

El ciclo organizado por los catedráticos de la Universidad de Alicante (UA) Manuel Alcaraz y Mar Esquembre está tratando de verter luz sobre cómo debe actuar la política en tiempos difíciles como los que estamos sufriendo con la pandemia. Prestigiosos ponentes están ofreciendo su visión, desde un punto de vista moderado y sosegado. Valores que caracterizan a la doctora en Ciencias Políticas, Máriam Martínez-Bascuñán.

«¿Hacia dónde va Europa?» es el título de su conferencia. ¿Qué retos tiene la Unión Europea (UE) en estos momentos?

La Unión Europea tiene varios retos fundamentales que están aflorando en estos momentos. Por ejemplo, el forcejeo en Ucrania sobre los límites de la expansión de la OTAN, que puede acabar desde en una invasión, hasta incendiar las relaciones entre Occidente y Moscú. Esto ha dejado de manifiesto cuáles son las debilidades de la UE, como el desarrollo de la Europa de la defensa, lo que Macron ha denominado la autonomía estratégica. Esos retos se basan, sobre todo, en nuestra seguridad, en nuestro abastecimiento energético, en las debilidades estructurales de la Unión, que nos ha recordado Ucrania, que tienen que ver con la ausencia de una política exterior y con unas relaciones internacionales muy tumultuosas que dejan un vacío a la UE y en medio de la lucha de titanes entre China y Estados Unidos, en la que Rusia se ha conseguido colar. Sin embargo, la UE sigue sin encontrar su sitio.

¿Cómo ha reaccionado la UE a la situación de crisis provocada por la pandemia?

Después del momento pospandémico, se ha reaccionado muy bien. La UE ha sido capaz de dar una respuesta solidaria con ese embrión de la tasa fiscal que toma forma como fondo de recuperación, y que vamos a ver si se desarrolla finalmente con un brazo fiscal de verdad, pero también con una coordinación centralizada de las vacunas y distribución que ha sido única en el mundo. Habrá que gestionar también las normas fiscales. Este va a ser un año en el que las normas fiscales, que dieron respuesta a la crisis de 2008, tendrán que reformarse porque se han demostrado oscuras, obsoletas y disfuncionales al nuevo tiempo. Y, este nuevo tiempo que está basado en la vuelta a la geopolítica, en el lenguaje duro del poder, tendrá también que influir sobre cómo Europa se relaciona con ese nuevo mundo, que se escribe en clave socialdemócrata, en el sentido de un Estado fuerte, que dé más seguridad a los ciudadanos y de políticas expansivas. Vamos a ver cómo encaja la UE con la ruptura del neoliberalismo y cómo interviene en la refundación de las estructuras internacionales, de la gobernanza global.

¿Tiene que virar la UE hacia una mayor diplomacia para solucionar los conflictos?

Tiene que encontrar, lo primero de todo, un diagnóstico común de lo que sucede en el mundo, compartir esa visión de cuál es su lugar en el mundo, y eso no es fácil. Esa visión única hará que tomemos conciencia, en primer lugar, de lo más básico, que es la geografía, dónde estamos situados. Parece que todo el eje de las relaciones internacionales ha virado hacia el índico, hacia Asia y, prueba de ello, es el tratado que Estados Unidos firma con Australia y con Gran Bretaña, el llamado AUKUS, que excluye a Francia. También ver cuál es nuestra vecindad con África y con Rusia, y que hace que esa visión del mundo no pueda verse ya desde los ojos de la OTAN. La OTAN no puede determinar del todo cuál es esa visión, porque esa visión atlantista está muy determinada por la influencia estadounidense. Aunque se dé esa colaboración con Estados Unidos, Europa tiene que desarrollar esa autonomía desde otro tipo de relación con EE UU que no consista tanto en ver a través de los ojos de ese país. El punto fuerte de la UE ha sido siempre la búsqueda de nuevas alianzas, de actores, de multilateralismo. La UE, buscando un papel, un protagonismo, una posición propia, debe apostar por la vía diplomática.

¿Ha perdido peso España dentro de la Unión Europea?

No, al contrario. En estos momentos del resurgimiento del Estado de bienestar fuerte, proteccionista, que encaja mejor con las ideas socialdemócratas, como vemos en los resultados electorales, por ejemplo, en Alemania o la propia España, creo que es un momento en el que nuestro país tiene mucho que decir por la vía ideológica. Pero, también, con la salida de Gran Bretaña, España se queda como la cuarta economía de la zona Euro. Este nuevo gobierno en Alemania es una oportunidad para sumar al eje francoalemán el cuadrilátero de Italia y España, y nuestro país está en un momento mucho más estable que Italia, que es la tercera economía de la UE. Y tiene mucho que decir España en un momento en el que en la Unión se están debatiendo temas fundamentales, desde la transición ecológica, la descarbonización de la economía, hasta la reforma del marco de estabilidad.

Para los ciudadanos, ¿queda muy lejos Europa?

No lo veo así. España tiene una de las ciudadanías más europeístas. También porque la integración en la UE ha estado muy vinculada al proceso de democratización que hemos vivido. Somos muy conscientes de lo que representa esta segunda modernización de nuestro país, que vendrá con los fondos europeos. Somos un país consciente de la importancia de pertenecer a la UE, y una de las muestras es que ni la ultraderecha practica ya posiciones euroescépticas, ni Podemos, que en sus inicios tenía una posición más hostil.

La polarización de la política y los populismos, ¿hacen peligrar la democracia?

Sí, los populismos son un problema para la democracia. El populismo de ultraderecha está minando valores fundamentales que tienen que ver con la UE y quieren socavar principios fundamentales que tienen que ver con un modelo liberal. Es una batalla que hay dentro de la UE. En cuanto a la polarización, el principal problema de las democracias occidentales es la fragmentación, que se está reflejando en los sistemas políticos y que hace que cada vez sea más complicado llegar a acuerdos. El espejo en el que se tendría que mirar España como modelo es el alemán, incluso Portugal, que nos ha dado muchas lecciones durante la pandemia de cómo hay que colaborar y sacar adelante políticas en momentos de crisis como la sanitaria. En eso España ha ido muy por detrás.

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