Suscríbete

Información

Contenido exclusivo para suscriptores digitales

Disputas, vendettas y otros líos que sacuden la política alicantina

Los partidos encaran la recta final hacia las elecciones con expedientes de suspensión de militancia que están por resolver, batallas internas por la designación de candidatos y desafíos entre compañeros de siglas que suben de decibelios en plena lucha por el poder

Algunos de los protagonistas de la actualidad política alicantina. Pilar Cortés

Ansias de poder. Juego sucio para destapar las vergüenzas y agitar el descrédito. Vendettas orquestadas en busca del jaque al rival. No el de enfrente, sino el que milita en el mismo partido. Como trasfondo, la eterna lucha por el control de los aparatos orgánicos, de los cargos institucionales o, simple y llanamente, la sed de venganza. La enésima crisis de los socialistas de Alicante, esta vez a cuenta de la destitución del portavoz en el Ayuntamiento, ha sido la última tragicomedia retransmitida en tiempo real con representantes públicos de la provincia como protagonistas, pero no es, ni mucho menos, la única batalla activa en el tablero político alicantino. Los desafíos entre compañeros de siglas y las disputas con los órganos de dirección se reproducen de norte a sur y de un lado a otro del espectro ideológico, con el condicionante de que, metidos ya prácticamente en harina preelectoral, se da por hecho que el clima de tensión seguirá sumando decibelios.

 Puso el interés particular por delante del interés general y no actuó con lealtad al proyecto. Con esa lapidaria valoración, el secretario general del PSPV-PSOE, Ximo Puig, ha tratado de cerrar este agosto el sainete protagonizado por los suyos en la capital provincial, con el agravante de que se ha registrado a menos de un año de los comicios. El jefe de los socialistas valencianos daba por superado el trance y anunciaba casi victorioso que Alicante tendría un candidato o candidata «potente» de cara a la próxima cita con las urnas. Todo después de que el hasta entonces portavoz, Francesc Sanguino, sabedor de que sus opciones de repetir en el cargo eran nulas, se rebelara como nunca antes lo había hecho contra el sector fiel al exsenador Ángel Franco, que controla la agrupación local. Se vino arriba en el intento de ejecutar una purga de asesores y cambios de competencias entre compañeros de grupo. Una estrategia suicida que, finalmente, acabó con el responsable de la revuelta defenestrado. Con todo, el plan ejecutado para sofocar ese conato de incendio evidenció, otra vez más, que las familias socialistas de la provincia se dividen en torno a dos bloques con un ajustado reparto de fuerzas, el ximismo y los sanchistas de primera hornada, ahora alejandrinos. Unos y otros acabaron lanzándose acusaciones en plena calle tras la asamblea en la que se acordó la destitución de Sanguino. De show en show y sin ningún rubor.

El vodevil llevado a escena por los socialistas alicantinos quiso ser aprovechado por su principal contrincante electoral, el PP. La portavoz del grupo municipal, Mari Carmen Sánchez, salió a la palestra para sacar tajada. ¿Por qué no echar sal a la herida en busca de rédito partidista?, debió pensar. En esas, instó al PSPV-PSOE a «hacer algo, a trabajar y dejar atrás sus miserias intestinas de partido». En definitiva, les conminó a poner orden en sus filas y controlar al personal, tal y como se presupone que hace en sus fueros el regidor popular, Luis Barcala. En sus fueros, porque justo en las inmediaciones se posiciona una antigua amiga del partido de la gaviota que salta a escena de cuando en cuando para buscarle las cosquillas. Algunos dicen que lo consigue. Otros, que está lejos de producirle jaquecas. Sea como fuere, Sonia Castedo no le perdona que el Ayuntamiento mantuviera la petición de cuatro años de cárcel en su contra en el caso del Plan General. El resentimiento es tal que a la exregidora le divierte jugar con su posible vuelta a la política para generar nervios a Barcala. Jugar al despiste es su especialidad, y todo apunta a que, cuanto menos, le divierte. 

Está por ver si los intentos del presidente del PPCV, Carlos Mazón, de calmar las aguas que andan revueltas en el partido y conseguir una unificación total, como busca en Orihuela, se consigue en Alicante. ¿Sería posible fotografiar de nuevo a Castedo y Barcala posando juntos y sonrientes, como en los viejos tiempos? Difícil parece, claro está, pero cosas más raras se han visto.

Va por libre

Barcala es un alcalde que, por cierto, ha evidenciado en alguna ocasión que va un tanto por libre y a Mazón le hace poca gracia. Eso es algo que se vio durante los días de vértigo que acabaron con el epitafio político de Pablo Casado; días en los que Barcala marcó perfil propio y prefirió no seguir apoyando en público a Casado frente a las directrices de la dirección regional. Con todo, las posibles discrepancias nunca se verbalizan y se impone la lealtad al proyecto. A fin de cuentas, también la secretaria general del PPCV y síndica en las Cortes, María José Catalá actúa a veces como un verso suelto que presume de tener hilo directo con Génova.  

Orihuela es hoy día el gran polvorín de Mazón en la provincia. La manifiesta enemistad entre el que fuera regidor, Emilio Bascuñana, y el expresidente del partido en el municipio, Dámaso Aparicio, llegó a ser tan crítica que Mazón disolvió la ejecutiva local e impuso una gestora que tendría una duración máxima de seis meses. Pero ocho meses han pasado ya y ahí sigue la gestora, en lo suyo, unificando. De esa forma, se cerró el paso a Bascuñana, que había manifestado que quería concurrir al proceso para hacerse con el control orgánico. Su propio partido se lo impidió, aunque él se esfuerce en hacer sus propias interpretaciones. Al menos ahora se ha conseguido abrir una nueva sede en el municipio, tras tener que clausurar la anterior porque las cuentas estaban vacías. Y en toda esa jugada ha entrado en escena la exalcaldesa Mónica Lorente, compañera de batallas zaplanistas de Mazón y quien colocó en la gestora a personas de su confianza, incluso a algunas que habían sido expulsadas del partido años atrás. El PP busca desde hace tiempo candidato en Orihuela, al tiempo que Vox se mantiene al acecho para tratar de seducir a los díscolos, que no han renunciado a plantar batalla. 

No parece que el PSOE de Orihuela tenga su casa mucho más ordenada que los populares. Es la única agrupación que todavía no ha celebrado el proceso interno para renovar el liderazgo orgánico que ostenta en estos momentos la alcaldesa, Carolina Gracia, de la corriente ximista. El hecho de que Ferraz la haya ungido como futura cabeza de cartel por su condición de alcaldesa, siempre que ella quiera y sin pasar por el trago de las primarias , no significa que los alejandrinos, con el exconcejal Antonio Zapata al frente, hayan renunciado a plantar batalla por el poder orgánico. Exigen que se pronuncie la militancia; también los 80 que se han hecho el carné en el último año. Será el PSPV-PSOE y Ferraz quienes tendrán que activar el proceso que se suspendió para no enturbiar la moción de censura que llevó a Gracia a la Alcaldía, como también se espera un pronunciamiento sobre el que ha sido otro de los focos de los socialistas en la provincia este mandato, el que se localiza en San Vicente del Raspeig. Allí, son cinco concejales los que se encuentran bajo la lupa del partido que lidera Puig y que podrían verse abocados a la suspensión de militancia. Todo a raíz del escándalo de las conversaciones filtradas de grupos de WhatsApp en los que se integraban concejales. Conversaciones en las que se despellejaba sin ningún empacho al alcalde, Jesús Villar, y se manejaba información sensible relacionada con expedientes municipales. 

A la espera de veredicto

Son cinco nombres los que están ala espera de veredicto: Guillermo García, Isabel Candela, Pilar Alcolea, Lucía Rubio y Juan Antonio López Perona. El regidor Villar, en cambio, puede respirar ahora más aliviado que nunca. Como alcalde de un municipio de más de 20.000 habitantes, entra en el cupo de los que tienen ya la unción de Ferraz para poder repetir como candidato y sin urnas internas. Lo mismo que ocurre en Elche, donde la instrucción del Comité Federal del PSOE de permitir encabezar el cartel a los alcaldes ha blindado la candidatura de Carlos González, aunque los hilos del partido los maneja Alejandro Soler. En determinados círculos socialistas ilicitanos se defiende que, con los estatutos del partido en la mano, se podría forzar la convocatoria de primarias si lo reclama la mitad de la militancia, aunque Ferraz obvió esa coletilla cuando difundió las normas para empezar a dibujar las futuras candidaturas. Que algunos sectores se han rebotado, es vox populi. Si mueven ficha o no, pronto se verá. 

Mientras tanto, el partido que se erigió como bisagra frente al bipartidismo, Cs, tampoco escapa a sus propios conflictos. A la suma de concejales desertores se unen los expedientes que el partido mantiene abiertos a otros cargos. Entre ellos, todos los concejales de Orihuela, por echar al regidor del PP y aliarse con el PSOE sin permiso. Eso fue en abril... y nunca más se supo. El expediente sigue en fase de estudio. Sin más. La respuesta, en cambio, fue más contundente en el caso del coordinador provincial, Javier Gutiérrez, suspendido de militancia tras mostrarse en desacuerdo con la censura en Orihuela y decir alto y claro que concurrir en listas conjuntas con el PP de cara a 2023 podría beneficiarles. La purga orgánica afectó también a los secretarios provinciales de Acción Institucional y Organización, César Martínez y Chechu Herrerro. 

Quién es hoy por hoy Cs en la provincia es una incógnita. Quién será tras las próximas elecciones, si corre la misma suerte que en Madrid o en Andalucía, está más claro.

Alicante

La caída de Francesc Sanguino como portavoz municipal y la búsqueda de candidato o candidata de cara a las próximas elecciones han marcado el fin de curso político de los socialistas en Alicante. A la espera de conocer si la designación de la persona que encabezará el cartel (Ana Barceló y Josefina Bueno suenen en las quinielas) abre nuevos frentes internos, Sonia Castedo se divierte con sus dardos envenenados a Luis Barcala. 

Elche

La decisión del Comité Federal del PSOE de blindar las candidaturas de los alcaldes de ciudades de más de 20.000 habitantes sin pasar por primarias ha garantizado las opciones de Carlos González de repetir como cabeza de cartel en Elche. La decisión ha levantado ampollas en determinados sectores socialistas que argumentan que los estatus del partido garantizan poder sacar las urnas internas si lo pide la militancia. ¿Habrá movimientos?

Orihuela

La capital de la Vega Baja es uno de los principales polvorines políticos de la provincia. El PP mantiene la gestora más allá de los plazos previstos tras haber disuelto la ejecutiva local. Lorente ha reaparecido en clave orgánica, Mazón busca candidato y Vox trata de atraer a los desencantados. Los socialistas, por su parte, no han celebrado el proceso para renovar la ejecutiva local, aunque a la regidora Gracia le han garantizado la posibilidad de repetir como cabeza de cartel.

Ciudadanos

Tras ser liquidada la cúpula provincial, el partido se encuentra descabezado en Alicante mientras la dirección nacional demora meses los expedientes abiertos a determinados concejales. Nada se sabe sobre si habrá represalias contra los ediles de Orihuela por impulsar una moción de censura sin permiso mientras el portavoz de la Diputación, Javier Gutiérrez, ya va por libre. No espera nada del que era su partido hasta que lo suspendió de militancia.

Lo último en INF+

Compartir el artículo

stats