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Feminismo

¿Por qué las jóvenes no hacen toples?

Antropólogas, sociólogas y activistas feministas reflexionan sobre los motivos que empujan a las nuevas generaciones a no ejercer el derecho a mostrar el cuerpo ganado por sus abuelas

Varias personas disfrutan del sol en una playa.

Descuelga el teléfono mientras va en coche -no conduce ella- y la cobertura a veces falla. Es agosto y está de vacaciones, pero no solo responde, sino que lo hace con amabilidad. "Estamos acostumbradas a que nos busquen por estas fechas; el nuestro es un tema muy de verano”, bromea Mariona Trabal, cofundadora de Mugrons Lliures, plataforma creada hace unos años en L’Ametlla del Vallès para denunciar la prohibición del toples en las piscinas municipales. Su lucha, basada en evidenciar lo machista de no permitir a los mujeres lo que sí se permitía a los hombres: enseñar el pecho, llevó al ayuntamiento de su localidad a organizar una consulta sobre la normativa. Venció el sí. “Ganamos, pero cada verano voy a la piscina y soy la única que hace toples”, reflexiona la activista de 69 años. Subraya que empezaron luchando por las piscinas públicas porque “las playas ya estaban ganadas”.

El objetivo de la llamada es precisamente hablar sobre ese derecho ganado pero poco ejercido y los motivos que hay detrás. “Yo voy poco a la playa, pero tengo conocidas que me dicen eso, sí. ‘Vosotras batalláis por las piscinas, pero en las playas, que se puede, cada vez se hace menos'”, afirma Trabal, a quien no le preocupa tanto que las chicas de 14 años no hagan toples - “siempre ha sido así, a esa edad”-, sino que no lo hagan las de 24. 

De taparse a casarse

A ojos de Trabal, ese retroceso en la práctica del toples en las playas en las mujeres veinteañeras se enmarcaría en una tendencia hacia el conservadurismo que, obviamente, va más allá de cómo toman el sol. “Es lo mismo con las chicas jóvenes que se casan organizando grandes bodas”, ejemplifica la fundadora de Mugrons Lliures, cuya gran victoria fue lograr que el Ayuntamiento de Barcelona permitiera el toples en sus equipamientos municipales y quien tiene claro que seguirán luchando hasta que este derecho lo tengan todas las catalanas, vivan en el municipio en el que vivan y decidan ejercerlo o no.

"Las jóvenes son mucho más conscientes del descontrol del registro digital; de los peligros de que te hagan fotografías" Gemma Galdón, experta en seguridad tecnológica

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Uno de los motivos que algunas chicas citan cuando se paran a pensar sobre por qué no hacen toples -la realidad en gran parte de las playas textiles catalanas en los últimos años es que esta no es una práctica generalizada entre las jóvenes- es la violencia tecnológica, fenómeno que esta generación tiene mucho más interiorizado que sus madres, tías o hermanas mayores.

Pérdida de libertades

La investigadora especializada en seguridad en internet Gemma Galdón pone sobre la mesa una idea inquietante: “Por primera vez en la historia olvidar es más difícil que recordar”. “La gente joven es mucho más consciente del descontrol del registro digital. Existe un salto cualitativo importante. Las imágenes que nos pueden tomar en toples en la playa pueden circular de una forma que no controlamos”, apunta la socióloga, convencida de que ante la pérdida de privacidad que hemos sufrido en los últimos años, lo que hace la gente es autoprotegerse y eso pasa por perder libertades. “Cómo no puedes controlar los dispositivos, te controlas a ti”, resume Galdón, lamentando que eso pase por dejar de ejercer derechos. 

“Hemos desarrollado las tecnologías sin pensar en sus impactos”, concluye la experta en seguridad.

Miedo al acoso

Más allá del terreno digital, algunas chicas apuntan también otra cuestión importante: el temor a ser agredidas. Laura García, universitaria barcelonesa de 23 años, opina que hay jóvenes que no hacen toples en la playa por miedo a ser acosadas, “sobre todo por hombres”. “Que te miren mucho, que te molesten, que te griten algo…”, expone la joven. García destaca el hecho de que a su generación la han “bombardeado” con imágenes sobre qué tipo de mujeres pueden enseñar su cuerpo “y es cierto que muchas chicas de mi edad no lo muestran por pura inseguridad”. 

"El toples fue una gran conquista, pero la libertad pasa por mostrar lo que se quiera. Ahora se lleva enseñar los glúteos", señala Charo Mora, experta en moda

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La actriz y activista por la liberación corporal Júlia Barceló, a punto de publicar el libro 'Operació biquini', apunta en varias direcciones. Por un lado, recuerda que las playas nunca han sido lugares seguros: “¿Cuántas veces hemos escuchado a mujeres explicar que un hombre se les ha acercado en la playa a masturbarse o les han hecho fotos…?”. Hecho ese apunte inicial, Barceló se muestra optimista. No cree que las mujeres jóvenes estén más avergonzadas de sus cuerpos por culpa de Instagram, aunque sí está convencida de la violencia estética ejercida por la industria del porno, en el que prácticamente todos los pechos que aparecen son operados. “No es una línea recta. La presión estética existe y existirá”, concluye la actriz subrayando además que esa presión es infinitamente mayor en las playas textiles que en las nudistas, ya que los colectivos nudistas han hecho un gran trabajo en la defensa de que todos los cuerpos pueden ir a la playa.

Fractura generacional

También se muestra optimista la antropóloga feminista Livia Motterle, quien tampoco interpreta el retroceso del toples como un giro conservador de las nuevas generaciones. Motterle habla de una fractura generacional. “Para las madres o hasta las abuelas de estas chicas, hacer toples era una forma de transgredir, pero cuando algo provocador se convierte en moda y se naturaliza deja de ser un escándalo”, argumenta la antropóloga. Insiste también que el toples no es un hecho aislado. “Formó parte de un proceso feminista de liberación en los 70, cuyo resultado fue que sea una práctica permitida. Una vez se llegó a eso la lucha feminista puso la atención y la fuerza en otros temas”, añade. 

"No es una línea recta. La presión estética existe y existirá" Júlia Barceló Actriz y activista feminista

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En la misma línea que Motterle, la especialista en cultura de la moda Charo Mora parte de la premisa de que la moda es “un reflejo de la realidad”. Argumenta que no se puede leer el hecho de no hacer toples como un retroceso en la liberación de las mujeres exponiendo otra evidencia: “No enseñan los pechos, pero sí los glúteos”. “La moda ha ido evolucionando. En los años 80 el toples era una práctica prácticamente generalizada. Era la primera vez en la historia occidental que de una forma masiva la mujer podía optar por mostrar el cuerpo casi totalmente. Una de las grandes conquistas de las mujeres en el siglo XX fue el derecho exhibir su cuerpo y el toples se vivió casi como una epifanía”, explica la investigadora, convencida de que nunca es solo una cuestión estética, es también ideológica y moral. Pero los años 80 quedan ya muy lejos. "El toples es algo que ya no interesa a las chicas más jóvenes", concluye Mora quien, además, en la línea de lo apuntado por Galdón, tiene claro que las nuevas generaciones son mucho más conscientes de los peligros tecnológicos de mostrar sus cuerpos en lugares no seguros.  

Mora concluye que la conquista del cuerpo se logró con mucho esfuerzo y la libertad ahora pasa por mostrar lo se quiera: "Ahora se enseñan los glúteos, con los pantalones ultracortos. Son evoluciones naturales”. 

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