Igualdad

El 60% de mujeres denuncian discriminación en los videojuegos

A pesar de que el 48% son jugadoras, todavía existe una industria patriarcal en el sector

Los hombres cobran una media de 3.000 euros más al año y poseen gran parte de los contratos indefinidos

Una jugadora en el DreamHack València.

Una jugadora en el DreamHack València. / MIGUEL ÁNGEL MONTESINOS

Saray Fajardo

El desarrollador Luke Crane escribía un tweet en 2012 en el que preguntaba por qué hay tan pocas creadoras de videojuegos. El comentario recibió centenares de respuestas por parte de trabajadoras y extrabajadoras del sector. "Porque al saludar a un hombre que visitaba otro estudio, se volvió hacia mi jefe y exclamó: Ella es más guapa que la nuestra", "porque cuando un desarrollador masculino me acosa sexualmente, todos los hombres que me oyeron y vieron finigeron que no se habían dado cuenta" o "porque cuando una diseñadora cuestiona los personajes femeninos con poca ropa en un juego, se le dice: El sexo vende. Lidia con eso" fueron algunas de las respuestas a este mensaje.

Han pasado once años desde aquel tweet, pero, lamentablemente, la situación en la industria del videojuego es muy similar. Según el "Estudio sobre los estereotipos, roles y relaciones de género: diagnóstico y soluciones para promover cambios en la industria del videojuego", publicado por la Asociación de Mujeres Cineastas y de Medios Audiovisuales en 2022, el 33,33% de mujeres han sufrido acoso durante su carrera profesional y el 59,26% han sufrido discriminación.

"Se estableció que el videojuego era un espacio exclusivo para hombres, un refugio al que las mujeres no estaban invitadas porque no podían ser buenas programadoras ni creadoras. Ellas siempre estuvieron ahí, pero invisibles", señala la experta Marina Amores, quien acaba de publicar el libro "Play like a girl. Desafíos de las mujeres en la industria del videojuego y la tecnología", en el que aborda los mecanismos y estrategias utilizadas para apartar a las mujeres de este sector, tanto como desarrolladoras, comunicadoras o jugadoras.

A pesar de que el 48% del total de jugadores españoles son mujeres, todavía existe una industria patriarcal, que, en palabras de la escritora, "una fuerza laboral masculina creaba juegos pensando no sólo en su mismo grupo demográfico, sino denostando toda seña de feminidad".

Amores, graduada en Comunicación Audiovisual y con el Máster en Teoría y Práctica del Documental Creativo, empezó a jugar a los videojuegos a los tres años, pero fue mucho más tarde cuando se dio cuenta de esta desigualdad. "La publicidad decide cómo vender esos productos culturales y a quién dirigirse", explica la autora, quien utiliza su experiencia como consumidora y trabajadora de la industria. 

Desafíos

A pesar de que los cambios empiezan a ser visibles, la presencia de la mujer en la industria sigue siendo un reto, ya que el empleo femenino sólo alcanza el 23%, según los datos del "Libro blanco del desarrollo español de videojuegos 2021".

Por eso, en palabras de Amores, el mayor desafío actual es retener al talento femenino. "No sólo es importante atraerlo, sino retenerlo y asegurarse que están en un ambiente digno y sano, en el que no hayan sesgos de género, sin amenazas, sin acoso sexual... Eso implica que tenga las mismas oportunidades salariales y de ascenso laboral", reivindica. Sin embargo, las cifras demuestran que esto todavía no existe, ya que, según el informe CIMA, sólo hay un 45,84% de contratos indefinidos entre las mujeres frente al 69,52% en el sector masculino. La brecha salarial también es evidente. Los hombres cobran una media de 22.850 euros anuales, mientras que las mujeres cobran 19.482 euros, lo que supone una diferencia de más de 3.000 euros, según el informe de las condiciones de vida y trabajo en el desarrollo de videojuegos en España llevado a cabo para Game Workers Unite España.

"Hemos conseguido cambios, pero la industria se resiste mucho y es lento", denuncia Amores, quien lamenta que en las empresas todavía faltan políticas específicas para fomentar la diversidad y la igualdad de género y protocolos para actuar ante casos de acoso o discriminación.