Testimonios

Budismo con acento gallego

La monja y arquitecta coruñesa Tenzing Palmo, el físico y profesor Saúl Estévez y la masajista Aldina Laredo explican qué es ser budista

La monja budista coruñesa Tenzing Palmo.

La monja budista coruñesa Tenzing Palmo. / Iñaki Osorio

Ana Rodríguez

Antes de ordenarse como monja budista y retirarse al monasterio ourensano Chu Sup Tsang, la coruñesa Tenzing Palmo se llamaba Maripaz González, trabajaba en un estudio de arquitectura y tenía pareja. Aldina Laredo conjuga su trabajo diario como masajista con la meditación individual y con las prácticas colectivas que realiza con sus compañeros de Sanga en el centro budista Dag Shang Kagyu, en Vigo. Saúl Estévez, profesor de matemáticas en un instituto y responsable del Centro Zen Vigo, ha incorporado a su vida desde hace más de veinte años los aspectos fundamentales de esta milenaria religión y filosofía oriental. Los tres han nacido, se han educado y viven en una sociedad mayoritariamente católica, y han encontrado en el budismo el refugio y las respuestas que buscaban, aunque cada uno de ellos lo practica de manera diferente.

Con 33 años, en 2004, Tenzing Palmo (por aquel entonces Maripaz González) encontró a cinco manzanas de su casa en A Coruña al guía espiritual que, sin saberlo, buscaba desde niña cuando se formulaba preguntas – sobre el sentido de la vida y qué sucede después de la muerte – para las que la religión católica no le ofrecía respuestas convincentes. Asistió a una conferencia del que hoy es su maestro, Gueshe Tenzing Tamding, un lama tibetano procedente del monasterio indio de Ganden, sobrino y sucesor de uno de los primeros lamas que vinieron a Occidente. “No recuerdo mucho de qué hablaba en la charla, pero sí la fuerte conexión espiritual con él y con la filosofía budista; era lo que estaba buscando”, recuerda.

“En el budismo encontré las respuestas que no me daba la religión católica”

Tenzing Palmo

— Monja y arquitecta

“Yo tenía lo que se llama semillas de vidas pasadas y no necesité razonamiento, el budismo habla de que todos somos seres diferentes, con conexiones diferentes que te llevan por un camino u otro, por eso hay diversidad de religiones, que para mi maestro son las joyas de este mundo porque sirven para cultivar lo que llamamos las mentes y emociones positivas”, explica Tenzing. “Lo bueno del budismo es que es como un self service, mucha gente no cree en el renacimiento pero puede coger de esta filosofía herramientas para su vida diaria, como por ejemplo el desarrollo de emociones positivas como la paciencia, la compasión, la confianza o la sabiduría. Ese sería el primer nivel. Luego si profundizas más, accedes a enseñanzas más extensas”, expone esta monja budista.

Antes de encontrar a su lama, Tenzing ya había sentido el impulso de retirarse a una vida espiritual, de ahí que no dudara en ordenarse como monja budista y decidiera dejar su trabajo en un estudio de arquitectura y a su pareja e irse al monasterio Chu Sup Tsang, en Ventoselo- San Amaro (Ourense), donde vive desde hace nueve años en una comunidad actualmente integrada por otras cuatro monjas (una de ellas también gallega y el resto asiáticas), cuatro maestros y un monje.

Un día normal en el monasterio comienza alrededor de las ocho de la mañana con la meditación particular, antes del desayuno, e incluye más de diez horas de trabajo, la mayor parte frente al ordenador traduciendo, editando y publicando las enseñanzas del lama.

El resto del tiempo lo ocupan labores de mantenimiento del monasterio, atención al público que realiza consultas a través de redes sociales o asiste a los retiros puntuales, viajes a otros lugares donde disponga el lama, y en el caso, de Tenzing, que además es secretaria y arquitecta de la fundación que gestiona el monasterio, trámites para el proyecto de ampliación del centro, que contempla la construcción de una biblioteca en la que habrá treinta mil volúmenes de escritos sobre el budismo y las otras religiones, una sala de meditación para unas cuatrocientas personas, casas de retiro y un monumento de 15 metros de alto que representa la mente iluminada de un buda. La financiación procederá de préstamos personales y donaciones.

“Es el gran proyecto de nuestro lama, el sueño de su tío, por eso desde 2009 impartimos los grandes temas de filosofía con el objetivo de cambiar estados mentales. Estudiamos ciencia de la mente, los niveles, el camino para alcanzar el estado de buda y luego enseñárselo a los demás”, comenta Tenzing Palmo.

"Una persona se convierte en budista cuando toma refugio en el Buda, el Darma y la Sanga. Y de ahí, su práctica principal es evitar las diez acciones negativas"

Para explicar a grades rasgos qué supone ser budista, esta monja coruñesa utiliza la metáfora de la medicina. “Un lama, que significa lleno de realizaciones, es como un médico especialista en la mente que nos imparte la medicina del Darma (la enseñanza de Buda) para que podamos eliminar nuestra emociones negativas (mentes de engaño) con la asistencia de un equipo de enfermería (la Sanga o comunidad). Tenemos la enfermedad del enfado, del odio, de la ignorancia, del egoísmo, del miedo, del apego. Nuestra mente es la loca de la casa, como decía la madre Teresa de Calcuta. Una persona se convierte en budista cuando toma refugio en el Buda, el Darma y la Sanga. Y de ahí, su práctica principal es evitar las diez acciones negativas: no matar, no robar, no tener conductas sexuales inapropiadas, no mentir, no difamar, no decir palabras insultantes, no a la charlatanería, no a la malicia, no a la codicia y no a las visiones erróneas”.

Nueve años después de su retiro, Tenzing dice no echar de menos nada de la vida que ha dejado atrás. “Al revés, antes acababa viendo escaparates de tiendas para llenar mis días; ahora estoy satisfecha con lo que hago; para poder ayudar a los demás, primero hay que ayudarse uno mismo”. El budismo le ha dado las respuestas que buscaba y ahora cree en el karma y la reencarnación. “La vida no termina en la muerte, para el budismo existe una conciencia que se aloja en un cuerpo hasta que éste caduca y después esa conciencia sale al bardo, que es como un aeropuerto internacional donde espera un lugar para renacer, el cual depende de su karma”.

Aldina Laredo el budismo llegó a su vida sin ella hacer ningún propósito. “Antes del año 2000 empecé a ir a conferencias cuando venía algún lama a Galicia. Lo que veía como algo exótico se fue poco a poco convirtiendo en una ayuda para mi día a día, era algo que en ese momento me dio las herramientas para encontrar la tranquilidad, la paz mental, el no darle tantas vueltas a las cosas. Después se convirtió en una filosofía de vida y me dio libertad de pensamiento, con lo cual ahora sí puedo decir que soy budista del linaje Kagyu, que tiene un tipo de meditación que te hace reflexionar y entender mejor, sobre todo el sufrimiento”, expresa Aldina Laredo.

Como integrante del centro budista Dag Shan Kagyu de Vigo, dependiente del monasterio homónimo ubicado en Panillo, en pleno Pirineo aragonés, Aldina Laredo acude a las reuniones que la sanga – la comunidad formada por unos 18 socios – celebra cada miércoles en un local de la calle Coruña para realizar diferentes prácticas, como el buda de la compasión o el de la medicina, según relata. Los viernes toca meditación o calma mental, una actividad abierta a todo aquel que esté interesado en acercarse al mundo de la meditación. También se dirigen a los no iniciados las charlas y cursos que ofrecen los maestros tibetanos kagyu cuando vienen a Vigo, de hecho el próximo mes de enero vendrá a Vigo el lama Drubgyu Tenpa, presidente espiritual del templo de Panillo.

“Lo que empezó siendo algo exótico se convirtió en una filosofía de vida que me ha dado libertad de pensamiento y herramientas para encontrar la paz mental”

Aldina Laredo

— Masajista

“Una de las cuestiones que más me atrajo hacia el budismo en mi búsqueda espiritual es que aquí hay libertad absoluta, no te imponen en que debes creer, ni siquiera en la reencarnación. En mi caso, las creencias llegaron poco a poco por las meditaciones y las prácticas”, explica Laredo, quien suele acudir a encuentros, viajes y actividades de otros linajes del budismo diferentes al que ella practica, tales como la Casa del Tibet en Barcelona, entre otros templos. Al templo de Panillo suele ir una o dos veces al año, en la entrada del año nuevo tibetano o cuando acude alguno de los lamas a impartir una enseñanza. “Vuelvo con las pilas recargadas y con mucha tranquilidad”, asegura.

Practicar una religión minoritaria y en gran medida desconocida en el entorno en que vive nunca ha supuesto un problema para Aldina Laredo. “Mi marido lo ha aceptado desde siempre y cuando vienen los lamas él los lleva y los trae, mis nietos a veces me piden que les explique pero yo quiero darles libertad para que ellos encuentren su camino espiritual, mis amigas al principio me decían que me iba a iluminar y en mi trabajo – es masajista estética, de belleza y salud interiores, como ella dice– las clientas que lo saben piensan que por eso soy tan tranquila. Dicen que les doy una perspectiva distinta y algunas se animan a ver al lama cuando viene”, relata.

“Ni promulgo ni oculto que soy budista”, dice el físico vigués y profesor de matemáticas en un instituto Saúl Estévez. “Somos un grupo abierto pero no nos publicitamos, no siento ansia de compartir, aunque si alguien viene a preguntar, no tengo inconveniente en explicarle qué hacemos y cómo lo hacemos”, añade el responsable del Centro Zen Vigo, quien aclara que oficialmente no es budista, pues recientemente hubo una escisión en la escuela zen del templo de la Luz Serena y ya no sigue a su anterior maestro, pero sí se siente como tal.

Su encuentro con la milenaria filosofía y religión originada por la experiencia de Buda se produjo poco después de acabar la carrera universitaria de Física. “La religión católica – estudié con curas – no llenaba mi necesidad de cubrir ciertos aspectos de mi vida, del sentido y la trascendencia, así que empecé a buscar respuestas en libros y me llamó la atención uno sobre zen que llegó a mis manos”, relata. Con el interés ya despertado, acudió a un retiro en Poio que le permitió conectar con las enseñanzas de esa rama del budismo en 1997 y desde entonces no ha dejado esa práctica.

Las respuestas que encontró este vigués no fueron a cuestiones filosóficas, sino más bien a las preguntas que se planteaba sobre el sentido de la vida y la necesidad de encontrar paz y armonía internas. “Entiendo el budismo como una práctica y una experiencia que aplico a mi día a día, aunque hay enseñanzas que van más allá”, explica Estévez, para quien ser budista “significa, por una parte, adoptar una motivación básica en la vida altruista siguiendo una ética basada en no dañar a los demás y ser beneficioso para ellos, y, por otra parte, desarrollar el autoconocimiento, porque el budismo no solo se preocupa de lo que uno dice o hace, sino también de los pensamientos, de las motivaciones que subyacen a los actos. Y para ese último aspecto es importante el entrenamiento mental, que es lo que te da la meditación”.

“Cuando hablamos de meditar y autoconocimiento, puede parecer algo de color de rosas y no es así: uno tiene que confrontarse con cosas que no quiere ver y atravesar capas de sufrimiento”

Saúl Estévez

— Físico y profesor de instituto

A diferencia del cristianismo, que tiene un enfoque de castigo – “si pecas, Dios te va a castigar” –, el budismo es más práctico, según expone Estévez: “Las malas acciones tienen malas consecuencias y al revés;_es el karma, que, simplificándolo, es la intención que pones en lo que haces; por tanto trabajar el karma es trabajar la responsabilidad, y la meditación te aporta la sabiduría para hacerlo”.

Este budista gallego advierte de que hay visiones erradas sobre diversos aspectos relacionados con el budismo. “Cuando hablamos de meditar y conocerse a uno mismo puede parecer muy bonito y de color de rosas, como estar en un balneario, pero no siempre es así. Uno tiene que confrontarse con cosas que no quiere ver, atravesar todas sus capas de dolor y sufrimiento para sanarlas. Y eso no es fácil, es como cuando tienes una contractura y el fisioterapeuta te la manipula para deshacértela”. 

Aceptar el mundo tal y como es, máxima que preconiza el budismo, no es sinónimo de ser pasivo. “Antes de querer cambiar a los demás, es preferible sanarse a uno mismo y tal vez entonces cambie tu percepción sobre el mundo”, afirma. De hecho, uno de los principales cambios personales que ha experimentando al refugiarse en el budismo tiene que ver con ello. “Antes era muy nervioso, ahora soy más tranquilo, uno aprende a evitar guerras y a elegir en qué asuntos meterse, a no ir con actitud de guerrero a una situación, sino con actitud de concordia, de intentar entender al otro”.

El budismo, entendido como una medicina para el sufrimiento existencial, no evita ni mucho menos el dolor. “No puedo decir que ya no sufra, la vida es dinámica y los problemas siguen surgiendo. Lo que sí te da es cierta distancia para llevarlos de otra manera porque uno de los aprendizajes que uno adquiere con la práctica de la meditación es que uno tiene la capacidad para experimentar dolor y al mismo tiempo aceptarlo. Y eso no quiere decir que te quedes pasivo, pero sí saber a que a veces hay situaciones vitales que no puedes evitar, así que en lugar de pelearte es mejor aceptarlo tratando de buscar una salida”.

Otro concepto que se usa de manera equivocada es, según señala Estévez, el del karma. “Se entiende como destino y es más las consecuencias de la intención que pones a tus actos”. Tampoco es exactamente una religión que exija creer en un dios, pues Buda no lo fue y “aunque hay ramas del budismo que deifican su figura, no es la que me inspira a mí”, explica Estévez. Aceptar la reencarnación como verdad absoluta tampoco es necesario. “Ni creo ni dejo de creer en ella. Ni la descarto ni pongo la mano en el fuego. Además lo que la gente entiende por reencarnación no es lo que dice el budismo; no hay un alma que se transmite de un ser humano a otro, lo de la transmigración es algo más complejo que sostiene que cuando uno muere queda una información que vuelve a influir a un nuevo ser, pero ese nuevo ser no es el anterior reencarnado”.