«La madrugada anterior al día en que lo iban a matar escribió una carta a mi madre y otra a la suya. Sabía escribir muy bien pero estaba nervioso el pobrecito», decía este lunes María Ros, de 81 años, hija de José Ros Molina, en referencia al trazo de las misivas, hoy enmarcadas, que escribió pocas horas antes de ser ajusticiado. Una persona de la prisión de Alicante (Benalúa) donde fue encarcelado se comprometió a hacerlas llegar a su viuda. Su hija pudo llevarlas ayer al pie de la fosa común donde espera que estén los restos de su padre, asesinado cuando ella solo tenía 11 meses: creció escuchando a su madre contarle que «fue por represalias. Los mismos amigos y vecinos le denunciaron porque no se quería hacer del mismo partido. Estalló la guerra, le decían que tenía que irse con ellos a su partido, pero mi padre, que era agricultor, decía que él estaba con los obreros. Fue por eso».

Su madre escondió las cartas durante décadas a salvo de las búsquedas continuas que personas del régimen realizaban en la casa familiar, «iban a buscar a ver si teníamos algo, ponían la casa patas arriba y no teníamos nada». María recuerda que su padre se fue al frente a Alcalá de Henares, volvió a Redován con un permiso para casarse, se fue otra vez a Madrid, acabó la guerra y volvió a casa, y un coche con ametralladoras le apresó cuando iba a visitar a su propia madre, abuela de María, y no le dejaron ni besarla. Tenía 27 años cuando fue fusilado.

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El cementerio de Alicante acoge la primera exhumación de represaliados del franquismo ALEX DOMÍNGUEZ

La viuda de José Ros buscó sus restos hasta 2009, año en que falleció, incluso en el Cementerio de Alicante «donde no nos daban razón. Veníamos todos los años y nos decían que para qué queríamos buscar unos huesos o un cráneo que igual no eran de él». Lo mismo ocurrió a la familia de Vicente Gamuz Andreu, natural de Orihuela. Durante décadas lo han buscado sus tres sobrinos. Ayer uno de ellos, Luis Sebastián, ahora vecino de Elda, lloraba al recordar a su tío de 24 años, soltero, sin hijos, «lo mataron por pertenecer a la UGT, por ser afiliado. Lo declararon enemigo del régimen, y le hicieron un juicio sumarísimo. Esperamos sacarlo, que termine esto y que puedan descansar abuelo, tío y madre. Esto es muy fuerte, después de 80 años». El hombre también contó que en su familia tenían prohibido hablar de la desaparición y que solo su madre se atrevía, «un cura dijo que no removieran las cosas, y todo eso te da mucha rabia e impotencia».

Primera exhumación de represaliados del franquismo en una fosa común del cementerio de Alicante Alex Domínguez

Francisca Martín y sus hijas María Teresa e Isabel Marcos fueron ayer al camposanto con la sentencia del juicio sumarísimo a Rafael Bailén, su abuelo y bisabuelo, respectivamente, donde figura que fue detenido por «ideología izquierdista», por afiliarse al Partido Comunista y «tomar parte en la destrucción de imágenes religiosas» haciendo mofa de los ornamentos. Esta familia de Almoradí también tiene el certificado de defunción sin fecha ni causa de la muerte (fue fusilado en la pared del Cementerio) y han descubierto que Rafael tuvo un hermano, Francisco, muerto en 1943, de cuya existencia nadie les habló en la familia. Los primeros once que se buscan en esta fosa son parte de los aproximadamente 400 fusilados tras un juicio sumarísimo en la ciudad procedentes de diferentes localidades alicantinas (Alicante, Callosa de Segura, Alcoy, Elche, Novelda, Orihuela, Castalla, Aspe y Elda) y también de Madrid, Albacete, Murcia o Almería.