Suscríbete

Contenido exclusivo para suscriptores digitales

Día Internacional de la Mujer

40 años de las primeras mujeres en la Policía Local de Alicante: «Nos pusieron falda y no nos dejaban llevar porra»

Las cuatro primeras agentes que entraron en la Policía Local de la capital explican lo que supuso la irrupción de la mujer en un cuerpo totalmente masculinizado: «Al hombre se le supone su valor, nosotras hemos tenido que ir demostrándolo»

40 años de las primeras mujeres en la Policía Local de Alicante Pilar Cortés

La noche que un tipo se seccionó la pierna en un accidente de moto en la avenida Condomina, los agentes de la Policía Local se pasaron toda la madrugada buscando la extremidad sin éxito. Había salido disparada tras un corte limpio y nadie la localizaba. El turno de Marisa Navarro comenzaba a la mañana siguiente, y la mandaron directa a dar con ella. Su intuición le llevó a proponer un tejado de las inmediaciones como posible zona donde encontrarla. «¿Cómo va a estar ahí? Mujer tenías que ser, se ha ido volando, ¿no?», fue la contestación de su superior. Aun así, junto a otro policía, acabó trepando, y allí estaba. Navarro la cogió y se fue bien rápido al hospital, donde la madre del joven ingresado la recibió con unos horribles gritos de desesperación. «Fue muy impactante, la madre me arrebató la pierna», cuenta la agente. Tras lo sucedido, recibió un comentario con sarna de sus compañeros: «Esta hoy no desayuna», apuntaban entre bromas. Y a Navarro, efectivamente, no le apetecía en absoluto desayunar, pero fue con ellos a la cantina y se zampó un buen bocadillo. Demostrar constantemente era una exigencia obligatoria para que ella, una de las cuatro primeras mujeres que entraron a la Policía Local de Alicante en 1981, pudiera hacerse un hueco respetado en el cuerpo.

Toñi Pérez y Marisa Navarro en 1986, año de su ascenso a oficiales de la Policía Local de Alicante. | RAFA ARJONES

Demostrar y luchar contra el paternalismo. Esas eran las dos grandes batallas. Así lo cuentan, además de Marisa, Toñi Pérez, Charo García y Suan Rodríguez, las otras tres agentes que iniciaron el cambio de dirección. Todas tenían entre 18 y 19 años cuando se presentaron a la oposición, y las cuatro lo consiguieron. Hasta entonces, ninguna mujer había sido agente en este cuerpo.

Era el año 1981 y su entrada fue todo un espectáculo, no había quien no se frotara los ojos para ver si esas jóvenes con bombín que dirigían el tráfico eran de verdad agentes de la Policía. En general, resultaba extraño que se dedicaran a esta profesión, y, además, su indumentaria no les ayudaba precisamente.

Titular de un artículo del periodista Manuel Dopazo en INFORMACIÓN en octubre de 1986. | INFORMACIÓN

La vestimenta de las jóvenes fue uno de los primeros debates tras su incorporación. No tenían uniforme para ellas, así que se lanzaron dos propuestas, y la que ganó, por delante del pantalón, fue la de la falda. «Alguien decidió que la falda era más femenina y nos quedamos con esa. Además de eso, los hombres llevaban gorra y nosotras bombín», cuenta García, la aspirante que mejor nota sacó de toda la oposición. «A nosotras no nos dejaban llevar porra. Me acuerdo de que las palabras textuales fueron que era muy antiestético que las lleváramos», añade la alicantina.

Tanto ella como Toñi Pérez tenían el carné de conducir, pues era un requisito para conseguir el aprobado. A ambas les asignaron una unidad que requería la conducción de vespas. «Los hombres las cogieron directamente, a Charo y a mí nos pusieron a hacer prácticas», cuenta Pérez. «Había un proteccionismo exagerado. No nos dejaban ir al turno de noche cuando nos tocaba por asignación, y cuando te dejaban conducir el coche patrulla era como estar en una academia: haz esto, haz lo otro...», explica Pérez sobre aquella época.

«Al hombre se le supone su valentía y su valor, nosotras hemos tenido que ir demostrándolo continuamente», señala Suan Rodríguez. Las vivencias de esa década son comunes en la mayoría de casos para las cuatro, que suman ahora cada una de ellas 40 años de servicio prestado. Al menos lo eran en la calle, donde la sorpresa era una constante. Tanto para las señoras, que les llamaban «bonicas», como para los señores, que en algunos casos se pasaban la línea. «Con el uniforme que nos pusieron, cuando salíamos a la calle parecíamos azafatas. Había hombres que te decían ‘hija mía, tú vete a fregar platos’», recuerda Rodríguez, una experiencia que recogió entonces INFORMACIÓN en su edición del 29 de octubre de 1986. «También estaban los que cometían infracciones a cosa hecha para que les pusieras una multa», añade la agente. De hecho, en aquellos años, existía un aviso previo a la denuncia, y fue más de uno el que no se quedó contento cuando Suan optaba por la vía de la advertencia: «Te decían que lo que querían era tener la primera denuncia de una mujer policía. Había quienes repetían y repetían la infracción».

Las primeras oficiales

En el 1986, estas mujeres dieron un paso más al frente. Dos de ellas, Toñi Pérez y Marisa Navarro, se presentaron a oficiales y consiguieron pasar las pruebas. Una nueva batalla estaba por venir.

Navarro, ahora con muchos años a sus espaldas como secretaria general de la sección sindical de UGT del Ayuntamiento de Alicante, se dispuso a trabajar con su nuevo puesto de mando. A ella, a diferencia de lo que sí pasaba con el resto de sus compañeros, no le concedían los medios que necesitaba. «El sargento me aseguraba que no me daba ni un patrulla ni un ‘walkie-talkie’. Me decía: ‘no haberte presentado’», cuenta la oficial.

Al poco tiempo, hizo una intervención peligrosa. Un hombre se había escapado de un centro psiquiátrico y ella logró dar con él y engañarle para que le acompañara hasta la comisaría más cercana; sin «walkie» y sin coche tenía difícil hacerlo de otra manera. Fue entonces cuando le reconocieron el mérito y pusieron a su disposición lo mismo con lo que contaban los demás.

En aquellos años, el servicio de grúas también lo llevaba la Policía Local, no una empresa privada. A ella le pusieron a cargo del equipo que las gestionaba en Alicante. Cuando llegó a su puesto, se encontró una oficina llena de pósteres de mujeres en la pared. Dejó un día de margen para que no quedara ni uno colgado. A la mañana siguiente, solo tuvo que descolgar el de un tipo poco dispuesto a que le mandara una mujer.

Pero todo esto es cosa de los ochenta. Las cosas cambiaron, están cambiando y tienen que cambiar. A fecha del pasado junio, en el cuerpo de la Policía Local había 89 mujeres dentro de un total de 520 agentes. Los comportamientos descritos en este reportaje, tanto de los propios compañeros como de la sociedad, ya no existen como norma general. Y cuando se dan, son la excepción y pocos son los que los amparan.

Las cosas son de otra manera, aunque siguen teniendo que cambiar. «Hay un techo de cristal que no se ha roto. En la actualidad, en la Policía Local de Alicante solo hay cuatro oficiales. Y oficial, ojo, es estar un escalón por encima del agente», subraya Navarro. «Creo que a partir de ahora las mujeres van a tener más suerte, pero tenemos que pelearlo».

El concejal de Seguridad del Ayuntamiento de Alicante, José Ramón González, les ha agradecido todos estos años de servicio en la ciudad «con mucha entrega y profesionalidad», y ha puesto en valor el gran trabajo que han desarrollado. González explica que «todavía queda mucho camino por recorrer» y que «la situación ha cambiado notablemente en estas cuatro décadas» desde que estas primeras agentes entraron a formar parte de la plantilla. «Hoy representan cerca del 18% las mujeres que trabajan en nuestra Policía y con las nuevas oposiciones esperamos que cada año sean muchas más», sostiene el edil, quien les reconoce haber sido «las que abrieron el camino del cambio y la integración de la mujer dentro del cuerpo municipal»,

Las dos luchas constantes, la de demostrar y la de combatir el paternalismo, se diluyen poco a poco. Y Toñi, Asun, Charo y Marisa pueden marcharse tranquilas, sabiendo que han aportado mucho a este cambio. Desde dentro y con mucha fuerza. Con o sin falda.

Compartir el artículo

stats