Azafranes La Llave, referente del sector de especias y condimentos
La empresa familiar se incorpora al Club de Empresas Centenarias tras una trayectoria marcada por la adaptación, la exportación y la calidad del producto

Imagen actual de la familia Palomares-Serrán, vinculada a Sucesores de Blas Palomares y a la continuidad generacional de Azafranes La Llave. / INFORMACIÓN
En Sucesores de Blas Palomares hay algo más que una marca reconocida, Azafranes La Llave. Hay una historia que empieza mucho antes de su constitución formal, un relato que atraviesa generaciones, guerras, mercados internacionales y cambios en los hábitos de consumo, siempre con un mismo hilo conductor: el producto como eje y la familia como motor.
Para entender la trayectoria de la empresa hay que remontarse a los primeros años del siglo XIX, cuando Blas Palomares Castelló comienza a comercializar azafrán desde Novelda hacia el norte de África. El azafrán, conocido como «oro rojo», era ya entonces una de las especias más valiosas, y su comercio exigía conocimiento del producto, contactos y capacidad para moverse entre mercados.

Su marca principal de La Llave presenta una gran variedad de productos. / INFORMACIÓN
El relevo no tardó en llegar. La segunda generación, formada por Joaquín, Pedro y Blas Palomares Abad, recogió el testigo y amplió el alcance del negocio. No solo continuaron la comercialización del azafrán, sino que fortalecieron los vínculos con los mercados exteriores, especialmente el norteafricano, que ya se perfilaba como un socio clave.
El nacimiento de una marca
El gran punto de inflexión llegó tras la Guerra Civil española. El país vivía una etapa de escasez y reconstrucción, y el consumo se adaptaba a las circunstancias. Fue en este contexto cuando la familia Palomares registró la marca «La Llave», que con el tiempo se convertiría en su seña de identidad más reconocible.
Pero el cambio no fue solo de nombre. También fue de producto. En aquellos años surge el «condimento», tal y como se denominaba entonces al colorante alimentario. Este producto nace como una alternativa más económica al azafrán, inaccesible para muchas familias en plena posguerra.

Instalaciones de la Calle Mayor, donde se encontraba el primer porche. / INFORMACIÓN
La apuesta resultó acertada. El condimento no solo encontró una rápida aceptación en el mercado nacional, sino que también triunfó en Marruecos, donde la empresa ya tenía una presencia consolidada. La capacidad de adaptarse a las necesidades del momento empezó a definir el carácter de la compañía.
La expansión de una nueva generación
A partir de los años 50, la tercera generación toma protagonismo. Joaquín Palomares Gómez, que hoy tiene 89 años, centra sus esfuerzos en el desarrollo comercial y la expansión de la marca. Su papel será clave en la transformación de la empresa en una estructura más sólida y con mayor proyección internacional.
En 1967, tras el fallecimiento repentino de su padre, Joaquín asumió plenamente la dirección del negocio. No era un contexto sencillo, pero la transición se produjo con continuidad en los valores y una clara visión de crecimiento.

El fundador de la empresa Blas Palomares Castelló junto a sus 4 hijos (2ª generación). Año 1915. / INFORMACIÓN
Durante las décadas siguientes, la empresa reforzó su presencia en mercados ya conocidos, como Marruecos, y abrió nuevas vías de exportación. El catálogo de productos se amplió, incorporando nuevas especias y mezclas, siempre con el objetivo de responder a una demanda cada vez más diversa.
El crecimiento no se basó únicamente en volumen, sino también en relaciones comerciales duraderas. La fidelidad de los clientes y la reputación del producto se convirtieron en activos clave.
Modernización y apuesta por la calidad
La llegada de la cuarta generación en los años 90 marcó una nueva etapa: la competencia era mayor, los consumidores más exigentes y la normativa en materia de seguridad alimentaria más estricta. La respuesta de la empresa pasó por la modernización. Se incorporaron nuevas tecnologías a los procesos productivos y se implantaron sistemas de calidad para garantizar la seguridad alimentaria.

Joaquín Palomares Gómez y su mujer, Teresa Serrán Pagán. Año 1986. / INFORMACIÓN
Este esfuerzo tuvo resultados claros. La empresa consolidó su presencia tanto en el mercado nacional como en el internacional. Sus productos fueron reconocidos por su calidad y consistencia, y la marca «La Llave» reforzó su imagen como sinónimo de confianza.
Quinta generación, una mirada al futuro
En la actualidad, la quinta generación ya ha comenzado a incorporarse a la empresa, que continúa creciendo y desarrollando su actividad con una clara apuesta por la calidad de la materia prima, la innovación en producto y la flexibilidad para adaptarse a las necesidades de distintos mercados. Con gran presencia en el ámbito internacional y una fuerte vocación exportadora, mantiene su compromiso con la mejora continua en todas las áreas del proceso.
De cara al futuro, Sucesores de Blas Palomares afronta los próximos años con el objetivo de seguir creciendo de manera sostenible, reforzando su posicionamiento en nuevos mercados y apostando por el desarrollo de productos que respondan a las tendencias actuales de consumo, siempre con los valores que han definido a la empresa durante más de 100 años: tradición, calidad e innovación.

Joaquín Palomares Gómez junto a su mujer y sus 4 hijos (4ª generación). Año 1975. / INFORMACIÓN
Un reconocimiento a la trayectoria
Como reconocimiento a esa trayectoria, Sucesores de Blas Palomares será una de las siete empresas que se unen este 2026 al Club de Empresas Centenarias de la provincia de Alicante. AEFA y la Cámara de Comercio han anunciado la incorporación de Aceitunas Serpis, Antiu Xixona, Antonio Cascales Gómez, Azafranes La Llave, Fundiciones Balaguer, Herboristería y Cerámica Vicente Pascual y Uvas Cabrera. La VII Gala del Club se celebrará el próximo 3 de junio en el Teatro Principal de Alicante.

Joaquín Palomares Gómez en los años 60 en su etapa de comercial de la empresa familiar. / INFORMACIÓN
Una empresa familiar que crece sin perder su esencia
El mercado ha cambiado de nuevo. Hoy, los consumidores buscan productos más naturales, trazabilidad, sostenibilidad y propuestas que encajen con nuevos estilos de vida. La empresa responde con innovación en producto y con una mayor flexibilidad para adaptarse a distintos mercados. La vocación exportadora sigue siendo fuerte. La presencia internacional no es un complemento, sino una parte esencial del negocio. Al mismo tiempo, se refuerzan los procesos internos con una apuesta clara por la mejora continua.
Hoy, más de cien años después de su fundación formal en 1911, Sucesores de Blas Palomares continúan su camino con una identidad clara. No es solo una empresa de especias. Es el resultado de decisiones tomadas en momentos clave, de apuestas por mercados concretos y de una capacidad constante para leer el contexto. Desde aquel primer comercio de azafrán hacia el norte de África hasta su actual presencia internacional, la historia de Azafranes La Llave es también la historia de cómo una empresa familiar puede crecer sin perder su esencia.
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