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Entrevista a Rosa Escandell, directora de la empresa social A puntadas

De la banca a luchar contra la exclusión

Comanda una compañía textil de integración laboral de colectivos vulnerables, impulsa talleres para reclusas, y desarrolla un proyecto en Kenia que emplea a mil mujeres maasai

Rosa Escandell

Rosa Escandell

La alicantina Rosa Escandell tenía ante sí una prometedora carrera en el mundo de la banca. No en vano, fue la primera mujer en Banesto, en plena juventud, en asumir el cargo de directora de zona del departamento extranjero. Pero, de repente, como fruto de un impulso, decidió abandonarlo todo para volcarse por completo en la lucha contra la pobreza y la exclusión social, principalmente de las mujeres, una misión situada en las antípodas de lo que hacía hasta ese momento. Transcurridos treinta años de aquello, se ha convertido en todo un referente merced a la creación de la empresa social A Puntadas, la puesta en marcha de talleres para mujeres reclusas, o el desarrollo de programas de cooperación en países en vías de desarrollo.

¿Qué fue lo que le impulsó a dar el paso de abandonar la banca? Rosa Escandell no titubea pese a que han transcurrido tres décadas desde entonces: «El ámbito territorial en el que trabajaba contaba con una importante población de inmigrantes, y ahí decidí que quería gestionar el dinero de los más desfavorecidos y no de los que tienen riqueza», subraya. Así que lo dejó todo para volcarse en proyectos que tuviesen alguna relación con el empleo. «Lo que tengo claro -enfatiza- es que las personas sólo encuentran la libertad cuando consiguen una independencia económica. Es a través del trabajo como se puede salir de la pobreza».

En este contexto, y aprovechando las nociones adquiridas en la entidad bancaria, le surgió la oportunidad de trabajar en compañía nada menos que de Muhammad Yunus, quien fue Nobel de la Paz en 2006, desarrollando diferentes iniciativas en Bangladesh, Brasil, India, Colombia, México y Argentina, donde organizó campañas de sensibilización para facilitar y difundir el microcrédito, en una ardua y compleja labor de trabajar la pobreza desde la riqueza. El objetivo era conseguir que grandes corporaciones, políticos y gente con influencia mediática sumaran esfuerzos para impulsar el microcrédito como un sistema que permitiese a estos países progresar por sí mismos. También desarrolló iniciativas en distintas zonas de Latinoamérica junto con organizaciones estatales, impulsando innumerables eventos y acciones en apoyo de los más desfavorecidos.

Otro de los elementos clave de su trabajo vino de la mano de Bibi Rusell, diseñadora de Bangladesh y embajadora de buena voluntad de la Unesco, creando cooperativas productivas y abriendo vías de comunicación para activar la economía y dignificar la situación de las artesanas, sus familias y su comunidad en general.

Inmersa en esta frenética actividad, decidió crear en 2005 la Asociación de Desarrollo Comercio Alternativo y Microcrédito (Adcam), con la finalidad de impulsar programas de cooperación, desarrollo sostenible, microcréditos, comercio justo, educación e igualdad de género. Según Escandell, el principal proyecto de esta entidad sigue desarrollándose en Kenia con la comunidad Maasai, considerada como una de las 31 tribus más amenazadas del planeta. «Estamos llevando a cabo un proyecto de formación y elaboración de artesanías con las mujeres maasai, gracias a un acuerdo firmado con la empresa de calzado Pikolinos de Elche. Eso nos ha permitido crear un circuito de comercialización que ofrece trabajo digno a más de 1.000 mujeres. Además, hemos puesto en marcha una escuela de primaria para 34o niños y niñas, y un campamento solidario que funciona a modo de hotel, cuyos beneficios se revierten en la mejora de la vida de la comunidad».

Pero la labor de Rosa Escandell no se ha limitado sólo a los países desfavorecidos, sino que también ha querido extenderla a su tierra natal. De esta forma, fue en 2007 cuando puso en marcha un programa de reinserción de mujeres con un primer taller formativo relacionado con la confección textil dentro del centro penitenciario de Villena. A este taller le siguieron después otros en el Hospital Psiquiátrico Penitenciario de Alicante y en la unidad de madres de la prisión de Fontcalent.

Fruto de estas iniciativas nació la marca Malas Meninas, que fue el embrión de la puesta en marcha, en 2011, de la empresa de inserción laboral A Puntadas, que sigue funcionando en el Parque Empresarial de Elche con el fin primordial de conseguir la integración sociolaboral de colectivos vulnerables. Gracias a esta firma, que ofrece productos y servicios de confección textil de primera calidad, diseño atractivo y respetuosos con el medio ambiente, se ha podido contratar durante este tiempo a 110 personas en riesgo de exclusión, que en la actualidad siguen trabajando en otras empresas con contratos indefinidos. «Nuestra apuesta es por el empleo de calidad, y para eso hace falta que tenga continuidad en el tiempo», señala Escandell.

¿Y por qué la mujer como objetivo principal de todos los proyectos? «Porque la mujer tiene un rol primordial para que las familias funcionen y las sociedades evolucionen. Por eso, las preparamos, con la intención de impulsar un desarrollo sostenible en su entorno, ofreciéndoles formación, microcréditos y vías de comercialización. Apoyar a las mujeres significa apoyar a toda la comunidad y a la sociedad en general», apostilla.

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