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Ascenso de la ultraderecha

Boric intenta frenar el renovado culto a la figura de Pinochet

Gabriel Boric, presidente de Chile. EP

"Augusto Pinochet fue un dictador, esencialmente antidemócrata, cuyo Gobierno mató, torturó, exilió e hizo desaparecer a quienes pensaban distinto. Fue también corrupto y ladrón. Cobarde hasta el final hizo todo lo que estuvo a su alcance para evadir la justicia". El presidente Gabriel Boric no solo pasó revista de la historia chilena en una meditada intervención en Twitter. Se metió de lleno en la disputa que dominará la escena política desde la semana venidera hasta setiembre. De un lado, el comienzo de las labores del consejo constitucional encargado de redactar el nuevo texto, con mayoría de la ultraderecha. De otro, la cercanía del aniversario 50 del golpe de Estado contra Salvador Allende, en medio de un revalorización de la figura del hombre que gobernó a sangre y fuego entre 1973 y 1990.

Boric usó sus redes sociales en respuesta a un comentario elogioso de Luis Silva, quien el pasado 7 de mayo resultó ser el consejero constitucional más votado. Conocido como 'el profesor', Silva es numerario del Opus Dei y una de las espadas retóricas del Partido Republicano que comanda el pinochetista José Antonio Kast. En una reciente entrevista televisiva, el abogado, de 45 años, expresó su "admiración" por el general que se sumó al golpe de Estado 48 horas antes de su consumación para convertirse en su expresión más salvaje.

"Fue un hombre que supo conducir el Estado, que supo rearmar un Estado que estaba hecho trizas", lo definió e introdujo un matiz. "Lamentablemente, durante su tiempo a cargo del Gobierno de Chile ocurrieron cosas, las que él no podía desconocer y que habría justificado y son atroces. Eso mancha lo que hizo por Chile". Nada comentó sobre otros aspectos oscuros de un Pinochet que simuló locura para evitar los juicios por crímenes de lesa humanidad y a quien la muerte lo salvó de ser condenado por la existencia de millonarias cuentas secretas en Estados Unidos.

No solo Boric respondió a la apología de Silva. "A 50 años del golpe de Estado cívico militar nos preocupa que exista negacionismo, que se pretenda aún justificar o validar un golpe de Estado, una dictadura que violó derechos humanos, que masacró, cierto, a gran parte de nuestro pueblo, que persiguió políticamente, que torturó y que generó heridas hasta el día de hoy", dijo su portavoz, Camila Vallejo.

El trasfondo constitucional

La ministra puso en contexto las palabras del consejero constitucional: la condición de fuerza mayoritaria de Republicanos en el órgano encargado de dar forma a la futura Carta Magna. "En nuestro país hay una fuerza política donde varios de sus representantes se han reconocido abiertamente como pinochetistas".

Chile vive una suerte de poder dual. De un lado, un Gobierno debilitado por los malos resultados electorales, los problemas económicos y la crisis de la seguridad urbana. Por el otro, la ultraderecha y la derecha. En septiembre pasado cambiaron el mapa político al derrumbar la Constitución de cariz progresista en una consulta popular y con el 62% de los votos. Esa realidad se profundizó en la elección de consejeros del pasado 7 de mayo.

La exaltación de Pinochet por parte de Silva coincidió con el final del trabajo del anteproyecto del texto constitucional por parte de la comisión de expertos que entregará sus conclusiones al órgano surgido del voto popular y que se encargará de su redacción definitiva. Republicanos hará valer su hegemonía junto con la derecha más moderada frente a una sin poder de veto. El anteproyecto cuenta con 14 capítulos que seguramente serán revisados por los consejeros a la luz de la nueva relación de fuerzas.

La abogada de centroizquierda Verónica Undurraga encabezó la comisión de expertos. Ella llamó a "redactar el mejor texto posible pensando en el Chile del futuro. Una Constitución que no es la Constitución soñada para ninguno de nosotros, pero sí una Constitución bajo la que todos sintamos que podemos convivir y que sentimos como propia".

La mirada sobre el golpe de 1983

Los cambios de opinión de la sociedad también se reflejan en el modo que se observan las tragedias del pasado. De acuerdo con la última encuesta de la consultora CERC-MORI, un 36% de los chilenos justifica el papel que asumieron los militares el 11 de setiembre de 1973, mientras que un 41% señaló que "nunca tienen razón". Un 19% de los entrevistados se mantuvo en silencio. "Es un fracaso cultural gigante para la izquierda", dijo la directora de CERC-MORI, Marta Lagos.

El cambio de opiniones en parte de la sociedad es elocuente. En 2003, un 46% de los chilenos consideraba que "nunca hay razón para dar un golpe". Tres años después, durante el Gobierno de Michelle Bachelet, una víctima directa de la represión, ese criterio era compartido por un 65% de los consultados. En 2013, cuando comenzó su segundo mandato, la condena al golpe era de un 68%. Este año ha caído 17 puntos.

Para Lagos, una socióloga cuyas encuestas suelen ser aceptadas como una suerte de verdad revelada, la volatilidad de las consideraciones sobre el 11 de setiembre de 1973 la lleva pensar que todavía "no existe una posición definitiva entre los encuestados" sobre aquellos trágicos sucesos. "La evaluación depende del momento en que preguntes sobre este tema", añade. Y este es un tiempo de resurgimiento de las posiciones derechistas que se harán sentir en la definición de la Carta Magna: "Hemos validado el pinochetismo al validar a sus actores en democracia".

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