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Antonio Sempere

Una de música festera

Integrantes de la Orquesta Sinfónica de Alicante, imagen de archivo

Hace unos días asistí a un concierto tempranero en el ADDA, ofrecido por la Unión Musical Sones de Sax. Para mí, sin desmerecer a nadie, uno de los platos fuertes era ‘Yakka’ de José Rafael Pascual Vilaplana. No es que no me canse de escuchar este pasodoble. Es que me sirve de analgésico, de terapia psicológica, de vuelta a la vida en tiempos tan desastrosos como los presentes.

El director anunció que no se interpretaría todo el programa por razón de tiempo. Con estupor, comprobé que ‘Yakka’, fue una de las damnificadas.

Verán, esa mañana había programados dos conciertos. El de la formación sajeña a las 10 y el otro, a las 13. Pero con las prisas, mediada una hora justa de música, a las 11 de la mañana, sonó el ‘Vals de San Blas’, y aquello se acabó. Es decir, que hubo más tiempo para el cambio de atriles, protocolo y demás que para la música propiamente dicha. Esta paradoja se puede aplicar en la educación pública: si descuentas lo accesorio y todo lo relacionado con la gestión, apenas queda sustancia. Que les pregunten a los sufridos profesores de secundaria.

Por cierto, fue interesante comprobar en la interpretación del ‘Vals de San Blas’, auténtico himno del pueblo, por quiénes se pusieron inmediatamente en pie, cuántos procedían de la villa sajeña y cuántos, los menos, constituíamos el público local alicantino. Lo que demuestra por enésima vez el talante de estos actos y cuánto tienen, por desgracia, de endogámicos.

Pero volviendo a ‘Yakka’, me da la impresión de que aquí todavía no conocemos la pieza maestra que un buen día brotó del genio de Muro. Pascual Vilaplana es uno de los mejores compositores españoles vivos, y no sé si en Alicante se han enterado.

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