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Día Internacional de la Mujer

Día Internacional de la Mujer: Las voces de la calle

Mujeres anónimas coinciden en que la sociedad es aún machista y patriarcal pero hay avances como la ampliación del permiso de paternidad

La mujer reivindica en el 8-M la igualdad absoluta con el hombre en todos los ámbitos de la sociedad. | PILAR CORTÉS

La mujer reivindica en el 8-M la igualdad absoluta con el hombre en todos los ámbitos de la sociedad. | PILAR CORTÉS

El camino de la igualdad. ¿Cuánto queda para que desaparezcan las diferencias entre hombres y mujeres? Mucho, a tenor de la voz de la calle. Es lo que opinan ellas, que en su mayoría observan y sienten machismo pese a la mejora en sueldos y el ascenso progresivo a puestos jerárquicos, a costa de una precaria conciliación.

«Ellos quieren, con menor esfuerzo, estar arriba y si las mujeres compiten se lo ponen muy complicado. Aunque se ha avanzado, nos queda mucho para la igualdad, que no interesa a ningún dirigente político hombre». La tajante opinión de la abogada jubilada Isabel Berenguer, de 73 años, que se inició en el mundo laboral con 14, que fue personal administrativo de instituciones sanitarias en el Hospital de la Paz de Madrid y después trabajó en el Ayuntamiento de la capital, es la de muchas mujeres anónimas. La voz de la calle, la femenina, opina al hilo de este atípico 8-M por la pandemia sobre el camino que queda para la igualdad, para romper la brecha salarial y el techo de cristal en una sociedad que siguen considerando jerarquizada y patriarcal, que valora más al hombre simplemente por el hecho de nacer varón.

Día Internacional de la Mujer: Las voces de la calle

Noelia Hernández, de 20 años, estudiante de Relaciones Laborales en la Universidad de Alicante, sigue observando actitudes machistas en la sociedad, «personas que piensan que el hombre es mejor, que está por encima de la mujer. Con el paso del tiempo hemos mejorado en sueldo y en ascenso a puestos jerárquicos pero aún cuesta y conciliar es muy difícil». Un paso enorme, apuntan, es la ampliación del permiso de paternidad a 16 semanas, equiparándolo al de maternidad, una gran noticia para la noveldense María José del Campo, que tuvo a los mellizos Chloe y René hace cuatro meses, con un embarazo marcado por las restricciones del covid aunque su marido pudo asistir al parto en el Hospital de Elda. Este mes disfrutará del permiso paternal. «Podremos compartir mejor la crianza porque, salvo momentos como la lactancia, ellos pueden hacer lo mismo y a veces mejor», señala sobre el cuidado de los hijos. Afirma que forman un equipo y hacen las mismas tareas.

Laila Sebai, de 26 años, profesora de francés y español para extranjeros, piensa que la pandemia es un arma de doble filo para la igualdad. Por un lado, el parón en nuestras vidas permite repensar actitudes pero por otro cree que el aumento en el uso de las nuevas tecnologías por el confinamiento y las restricciones tiene una parte de «reversión» por lo que se consume en internet, sobre todo si es pornografía, porque «desvaloriza» el papel de la mujer. También es crítica con el reguetón, «es lo que aprenden los jóvenes, esa materialización, esa sumisión, que la mujer está por debajo. Lo veo en el día a día, en alumnos y sobrinos, con comportamientos más machistas que mis hermanos, que no lo eran».

«Sigue habiendo actitudes machistas, desgraciadamente es la cultura que hemos tenido siempre», afirma Alba Muñoz, comercial de 23 años y estudiante de Psicología. Lo aprecia sutilmente en el día a día, incluso en las propias chicas jóvenes con comentarios del tipo «mi novio me ayuda». A Elisabet Berenguer, de 43 años y peluquera, le sorprende lo que escucha de algunas clientas adolescentes, que «dicen que su novio las quiere tanto que les impiden llevar falda corta o que tengan redes sociales. En los tiempos que estamos tienen ese pensamiento».

A los 15 años se casó Elizabete Elouirari, ama de casa y madre de dos niños. «Aún falta mucho para la igualdad. Hay hombres metidos en las antigüedad, que son unos pasotas en casa». Hija de madre marroquí, destaca el avance de la mujer en el país magrebí, donde viven una prima de 19 años que va a estudiar Derecho y una tía musulmana «que no se tapa, se viste como quiere y se maquilla». De España cree que debería ser más igualitaria a la hora de tratar el problema de la violencia de género «porque tira más por la mujer» cuando también hay casos de maltratadoras, aunque en general piensa que «hay hombres y hombres, pero nosotras hacemos el doble».

Ricarda Ortega, de 91 años, afirma que «tiene que existir la igualdad pero no existe. El hombre nunca está conforme, si trabajas fuera como si trabajas dentro, no valora lo que hace la madre con los hijos». Ricarda contó que su marido era muy trabajador pero no sabía freír un huevo y «un día le dije que apagase el butano y quitó la alcachofa entera». La anciana, que recordó que en su juventud «no podía ni entrar en un bar a beber un vaso de agua porque si lo hacías eras una fulana», piensa que se ha avanzado: «ahora hay hasta camioneras. Pero que cobren igual».

Día Internacional de la Mujer: Las voces de la calle

Ana Penalva, de 24 años y estudiante de Ingeniería Mecánica, apunta que en las clases apenas hay cinco alumnas pero no lo achaca a que exista discriminación que les impida acceder a según qué formación, «sino que no les gustan tanto los números, por eso no entiendo que se hable de facilitar el acceso de las mujeres a la Ciencia». Maria Do Santos, residente de 28 años de Medicina familiar, señala que en el ámbito sanitario nota bastante igualdad «pero a nivel social y en otros trabajos hay cosas que cambiar porque todavía parece que la mujer es un poco la que se hace cargo de la familia, y algunas tienen que dejar su trabajo» o incluso sufrir el techo de cristal que les impide ascender.

Mar López, de 24 años y alumna de Ciencias Ambientales en Elche, relata que se producen gestos diarios «que pensamos que no son machistas como que en la primera cita tenga que invitar el hombre, o cuando una familia va en el coche suele conducir el padre y no la madre». María Rodríguez estudió Relaciones Laborales y trabaja como profesora de piano. Expone que ha visto procesos de selección en los que a las candidatas se les hacen más preguntas personales sobre su ámbito familiar que a ellos, como si tienen hijos o esperan tenerlos. «Y se cree que ellas no pueden desempeñar un trabajo de esfuerzo físico», resalta María Rodes, graduada también en Relaciones Laborales.

Sacri Amoraga tiene 33 años y busca empleo tras trabajar en la hostelería. Aunque en su ámbito no ha sufrido desigualdad de sueldos ni horarios, considera que existe «algo de discriminación» hacia la mujer y que «el tema de las bajas maternales aún influye a los empresarios». La analista de sistemas uruguaya Mariela Linares regenta un puesto de pescado y tampoco siente esa discriminación pero piensa que a nivel general existe, que hay mujeres capacitadas para llegar a más en jerarquía y sueldos.

Edna Valencia, de Colombia, limpiadora, ve más desigualdad en su país que en España pero también la observa en el sistema salarial español. A sus 66 años, María Calvo lo tiene claro. «Según ellos, nunca vamos ser como ellos, y la casa es para nosotras. Cuando un hombre enviuda enseguida busca una mujer que le limpie». Cree que los abuelos que se quedan con los nietos permiten a muchos hombres y mujeres trabajar y el que ellas tengan un sueldo evita que aguanten situaciones como antaño de malos tratos.

A Marisol Ayguardé, de 78 años, le habría gustado ser maestra pero a los 13 años «me pusieron a enseñarme el oficio de coser». Cree que la mujer puede desempeñar el mismo trabajo que el hombre y a veces se le discrimina por su género. «Tengo tres varones y les eduqué para que ayuden a sus mujeres en casa. Los hombres de antes ayudaban lo justito», apostilla.

Azucena Llanes, tarotista, percibe que «el covid ha disparado el machismo y las diferencias a nivel de salario y horario». En cambio, Mercedes Beviá, vendedora de cupones, cree que se ha avanzado algo con respecto a su juventud pero ve lejos la igualdad, lo que ilustró con un ejemplo: las mujeres calvas. «La gente las mira por la calle y en cambio los hombres sin pelo no llaman a nadie la atención».

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