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Cenas, mentiras y cintas de audio

Los pinchazos del móvil de Rafael Gregory constatan el papel de muñidor que jugaba el empresario entre los intereses del expresidente de la Diputación José Joaquín Ripoll y los de Ángel Fenoll y Enrique Ortiz en la adjudicación del plan de residuos de la Vega Baja

José Joaquín Ripoll (izda), Enrique Ortiz (detrás) y Rafael Gregory (en primer plano) en una de las sesiones del juicio. ANTONIO AMORÓS

«Si el tribunal valida las escuchas, los acusados se pueden dar por condenados». La frase, pronunciada por uno de los ocupantes de la bancada de las defensas en la sala de vistas donde acababan de reproducirse más de cuatro horas de las conversaciones intervenidas al empresario Rafael Gregory, uno de los trece acusados en el proceso por las supuestas irregularidades en la adjudicación del plan de residuos de la Vega Baja, da una idea del contenido de los pinchazos y de las componendas que revelan.

Unas charlas en las que se constata el papel de muñidor que Gregory desempeña entre los intereses del expresidente de la Diputación José Joaquín Ripoll y los de los empresarios Ángel Fenoll y Enrique Ortiz en el lucrativo negocio del tratamiento de las basuras del que, a juzgar por el empeño que denotan sus charlas, todos pretenden sacar tajada.

En un primer momento maniobrando con Ripoll para que Fenoll consiguiera la adjudicación del macro vertedero. Después, una vez que la UTE que Ortiz montó con Cespa se hizo con la contrata por derecho propio, maniobrando también para que Fenoll, a quien tanto debía el PP, no se fuera con las manos vacías. ¿Cómo? Trasladando las presiones de Ripoll a Ortiz para que le comprara al empresario de Orihuela una finca en la que instalar la planta que él había adquirido por menos de medio millón pero por la que pedía cerca de diez. 

Es el relato que sostiene la Fiscalía Anticorrupción y que corroboran estas escuchas, cuya nulidad han reclamado todas las defensas y sobre las que el tribunal presidido por Joaquín Orellana y del que forman parte los magistrados Cristina Ferrández y Javier Saravia, este último en calidad de ponente, ha optado por pronunciarse cuando dicte sentencia. 

Los pisos «Que sí, pero por teléfono no»

 Gregory transmite a su mujer la intención de Ripoll de ver los pisos. Esta le expresa su contrariedad con que figuren a nombre de su marido sin un remanente previo con el que hacer frente a eventuales pagos derivados de un préstamo. Es el 19 de septiembre de 2008.

Gregory: Me ha llamado Joaquín para ver si mañana podíamos ir a ver los pisos y tal, ¿no? (...)

M: Pero, ¿para qué?

G: Porque los quiere ver.

M: Pero ¿por el tema de éste?

G: Si, ya te dire, eh?

M: Pero, ¿se ha arreglado la cosa o no?

M: Claro, claro

M: ¿Y para ti también o no? Porque claro...

G: También, también se arreglará para todos, claro mamá 

M: Bueno, pero escúchame, esto hay que verlo bien porque no te los vas a poner tú ...

G: Vamos a ver, que sí, pero por teléfono no

M: ¿que qué?

G: Por teléfono no.

M: Bueno bien, pero ya te lo diré yo, que no me parece eso... yo no quiero que se pongan a.... que se pongan ... (...) al tuyo no... no, no, no, no me da la gana.


 Situado en el epicentro del triángulo formado por Ripoll, Ortiz y Fenoll, quien fuera propietario junto a su hermano José Vicente de la desaparecida Autisa, da sobradas muestras en sus conversaciones de una capacidad que parece innata para ir jugando con las pretensiones de sus tres interlocutores diciéndole a cada uno lo que le tiene que decir en cada momento, aunque no eso siempre se correspondiera con lo que en realidad estaba ocurriendo. Y quedando con unos y con otros allá donde le plantearan hacerlo. Con celo, tiempo y dedicación. Sin importar el día de la semana, si era Pascua o Navidad, o la hora. Por intempestiva que fuera. 

Si a Fenoll, que confiesa en esas charlas que madruga, le venía bien un café a eso de las ocho en el área de servicio de Crevillent, a medio camino entre Orihuela y Alicante, ahí que se desplazaba Gregory por mucho que la noche anterior hubiera tenido cena con Ripoll («el jefe» le llama en muchas ocasiones), con Ortiz (al que él y José Candel, empleado del empresario y también acusado, se refieren casi de continuo como a «Dios») o con los dos y sus respectivas mujeres. Múltiples encuentros de los que los pinchazos dejan constancia. La mayoría a instancias de propio Gregory, sobre todo al principio, pero a medida que avanza el proceso también por iniciativa de Ortiz y del propio Ripoll. Amén de los viajes en barco. 

El pagaré «No hay millón si no está todo en orden»

Ante el temor de que una aprobación condicionada haga inviable la instalación de planta en la finca Las Pistolas, la que la acusación sostiene que se le obliga a comprar a Fenoll, Ortiz trata de arrancar el compromiso de Gregory de que, como tenedor del pagaré que formaliza parte del pago, lo destruya si la resolución final no se corresponde con lo acordado. La conversación es del 22 de diciembre de 2008. 

Ortiz: Claro, ¿y si lo condicionan eh… de una manera que entonces no vale? Hay muchas formas de aprobarlo, porque si lo aprueban definitivamente y punto, sin salvedades, ya está, el tema es que lo aprueban, ¿me entiendes? Si es que es tan burro como qué, si el que gana de que se apruebe y se ponga ahí es él (...) es que es burro de cojones macho, porque hoy tenía que haber dejado que aprobaran eso y estamos ya en sus manos.

Gregory: Ya, ya, pero si él lo… (..,.) Enrique, pero hay que dejarlo hoy hecho 

O: Sí, ¿pero quién le da…?, vamos a ver, darle un millón de euros…¿me entiendes? (...) eso y que esté aprobado condicionado, esto luego no lo van a pagar. 

G: Pero luego tenemos treinta días para sentarnos con él tu y yo, ¿entiendes?

O: Ya pero que sepas tú que el pagaré luego no va a ser efectivo si no está todo en orden. 

 Una actividad frenética en la que Gregory no olvida cuáles son sus intereses. Antológica es la conversación en que, tras conocerse que la UTE Cespa-Ortiz es la adjudicataria de la planta, lejos de derramar lágrimas por el revés que acaba de sufrir Fenoll, no pierde tiempo en asegurarse con Ortiz que le comprarán a él los camiones y que se ocupará además de su mantenimiento.

Entre los pinchazos escuchados en la sesión celebrada este jueves en la sala de la Audiencia de Alicante en Elche, donde se juzgan estos hechos, las conversaciones sobre los pisos, supuesta prebenda que iba a recibir el expolítico del PP. Una de ellas, de Gregory con su mujer, quien no parece estar muy de acuerdo con la idea de que esos pisos figuren a nombre de su marido, que le insiste en que no hable de eso por teléfono. Otras, con el propio Ripoll, que le pide ir a ver los inmuebles, y con la mujer del también expresidente provincial del PP, quien admite que para que su marido haya tomado la iniciativa de concertar la cita para esa visita ha tenido que pincharle. Y las audiciones de lo intervenido a Gregory no han hecho más que empezar. 

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