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Antonio Cascales Gómez: cáñamo, innovación y arraigo en la Vega Baja

La firma familiar se incorpora al Club de Empresas Centenarias de la provincia tras más de cien años de actividad ligada a la tradición industrial de la comarca

Foto de la tercera generación, actualmente al frente de la empresa. / INFORMACIÓN

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Miriam Vázquez

La historia de Antonio Cascales Gómez es también la historia de una parte de la Vega Baja del Segura. Una trayectoria empresarial ligada al cáñamo, al esfuerzo artesanal y a la capacidad de adaptación que ha permitido a esta compañía familiar mantenerse activa durante más de un siglo, atravesando guerras, crisis económicas, cambios industriales y profundas transformaciones sociales.

Fundada oficialmente en 1925, aunque con raíces que se remontan a los primeros años del siglo XX, la firma callosina será reconocida como una de las siete nuevas incorporaciones al Club de Empresas Centenarias de la provincia de Alicante. AEFA y la Cámara de Comercio de Alicante distinguen este 2026 a Aceitunas Serpis, Antiu Xixona, Antonio Cascales Gómez, Azafranes La Llave, Fundiciones Balaguer, Herboristería y Cerámica Vicente Pascual y Uvas Cabrera. La VII Gala del Club se celebrará el próximo 3 de junio en el Teatro Principal de Alicante y pondrá en valor no solo la longevidad de estas compañías, sino también su capacidad para mantenerse activas, generar empleo y conservar una identidad propia en contextos económicos muy distintos.

En el caso de Antonio Cascales Gómez, esa identidad está íntimamente ligada a Callosa de Segura y a la industria tradicional del cáñamo, una actividad que durante décadas marcó el ritmo económico y social de la comarca.

Antonio Cascales Gómez cuenta actualmente con unas modernas instalaciones enfocadas en la fabricación de productos de alta calidad. / INFORMACIÓN

Trayectoria

Todo comenzó con Antonio Cascales Estañ, nacido en Callosa de Segura en 1902 en el seno de una familia humilde de nueve hermanos. Desde muy joven empezó a trabajar como rastrillador en distintos obradores de la localidad mientras completaba su formación en la escuela nocturna. Aquellos años de aprendizaje le permitieron conocer en profundidad el tratamiento de la fibra del cáñamo y entender el funcionamiento de un sector que entonces tenía una enorme importancia en la Vega Baja.

Con sus pequeños ahorros y los conocimientos adquiridos, decidió dar el paso y abrir su propio obrador en 1925. Compró rastrillos y herramientas básicas y comenzó una pequeña producción de estopa e hilados de cáñamo que pronto empezó a ganar prestigio por su calidad. Más adelante ampliaría la actividad con la fabricación de trenza encapada para suelas de alpargatas, un producto muy demandado en aquella época.

La Guerra Civil supuso un duro golpe para la empresa. El Gobierno republicano requisó existencias y activos, reduciendo prácticamente toda la actividad a la compraventa de la escasa fibra que todavía se cultivaba en la Vega Baja. Tras el conflicto, y gracias a un préstamo de 5.000 pesetas concedido por la Banca Salinas, Antonio Cascales volvió a levantar el obrador en una España marcada por la escasez de la posguerra y el aislamiento internacional.

Durante aquellos años difíciles, además de mantener viva la actividad empresarial, también dedicó parte de su tiempo a la labor social, enseñando los trabajos del cáñamo a huérfanos en el colegio de los Jesuitas de Orihuela.

En 1974 incorporó maquinaria para fabricar artículos de fibras sintéticas como nylon, poliéster, polipropileno o polietileno. / INFORMACIÓN

Nueva etapa de crecimiento

A partir de los años cincuenta comenzaron a incorporarse a la empresa sus hijos Antonio, José María y Vicente, impulsando una nueva etapa de crecimiento. La firma amplió su capacidad productiva con maquinaria para la fabricación de cuerdas de cáñamo y empezó a suministrar grandes pedidos para obras y amarres del Puerto de Alicante, además de hilos y estopas para compañías nacionales y talleres vinculados a la producción de redes de pesca.

La reputación de la empresa fue creciendo gracias a valores como la honradez, la responsabilidad y la calidad del producto. Una de las anécdotas que mejor resume esa filosofía empresarial ocurrió en 1954, cuando una fuerte subida del precio de la fibra de cáñamo amenazó con provocar enormes pérdidas a uno de sus principales clientes, Cordelería Domenech, tras adjudicarse un concurso público para Correos. A pesar del incremento del 300% en el precio de la materia prima, Antonio Cascales decidió mantener el precio anterior para no perjudicar a su cliente. Ese gesto consolidó una relación comercial duradera y convirtió a la empresa callosina en proveedor exclusivo de determinadas estopas refinadas.

La llegada de las fibras sintéticas en los años sesenta provocó el cierre de numerosos obradores y aceleró la desaparición del cultivo de cáñamo en la Vega Baja. Muchas familias de Callosa tuvieron que emigrar a Francia y otros países europeos en busca de oportunidades laborales. Sin embargo, lejos de resignarse, la empresa optó por modernizarse e invertir en maquinaria para agilizar el refinado y tratamiento de la fibra. También buscó nuevos proveedores en Granada, una decisión clave para garantizar la continuidad del negocio.

La filosofía de la empresa les impulsa a trabajar respetando y cuidando el medio ambiente. / INFORMACIÓN

Fue en esa etapa cuando la compañía pasó a denominarse oficialmente Antonio Cascales Gómez, iniciando nuevas relaciones comerciales con empresas como La Industrial Yutera de Valencia, dedicada a la fabricación de sacos de arroz, y distintas firmas alpargateras de Castellón.

Conocimiento industrial arraigado en la comarca

La transformación continuó en 1974 con la incorporación de maquinaria para fabricar artículos de fibras sintéticas como nylon, poliéster, polipropileno o polietileno. Aun así, la empresa nunca abandonó la producción derivada del cáñamo, manteniendo vivo un conocimiento industrial profundamente arraigado en la comarca.

En 1985 la firma se constituyó como sociedad limitada bajo la dirección de José María Cascales. Poco después empezó a incorporarse la tercera generación familiar, impulsando nuevas inversiones y ampliando mercados. Uno de los hitos más simbólicos llegó en 1986 con un pedido de cuerdas para el buque escuela Juan Sebastián Elcano de la Armada Española, coincidiendo además con el año en el que realizó prácticas a bordo el entonces príncipe Felipe de Borbón.

Desde finales de los noventa y especialmente a partir del año 2000, bajo la administración de Antonio Cascales Salinas, la innovación se convirtió en uno de los pilares estratégicos de la empresa. La oferta se amplió hacia sectores como la pesca, la acuicultura, la náutica, la seguridad o el deporte, incorporando fibras sintéticas de alto rendimiento como aramida, Dyneema o materiales ignífugos.

Imagen de los antiguos dueños y trabajadores de Antonio Cascales Gómez. / INFORMACIÓN

Innovación, pilar estratégico

Esa apuesta por la innovación ha permitido a la compañía acceder en los últimos años a sectores altamente especializados como el aeronáutico, las energías renovables o el ámbito offshore, demostrando que una empresa nacida en torno al cáñamo tradicional puede seguir encontrando oportunidades más de cien años después.

Hoy, Antonio Cascales Gómez continúa siendo una empresa familiar en el sentido más estricto del término. La tercera generación del apellido Cascales dirige actualmente la compañía, mientras muchos de sus trabajadores pertenecen ya a segundas generaciones vinculadas al negocio. Un modelo de continuidad que combina tradición industrial, memoria familiar y capacidad de adaptación, y que explica por qué la empresa callosina forma ya parte del Club de Empresas Centenarias de la provincia de Alicante.

Instalaciones de la empresa ubicadas en Redován. / INFORMACIÓN

101 años trenzando la historia industrial de Callosa de Segura

Pocas industrias explican tan bien la transformación económica de la Vega Baja como el cáñamo. Durante décadas, Callosa de Segura fue uno de los grandes centros productores y manufactureros de esta fibra natural, utilizada para fabricar cuerdas, estopas, redes o suelas de alpargatas. En ese contexto nació y creció Antonio Cascales Gómez, una empresa que ha vivido en primera línea la evolución de todo un sector industrial. La compañía no solo sobrevivió al declive progresivo del cultivo del cáñamo en la comarca, sino que supo reinventarse en momentos especialmente delicados.

La llegada de las fibras sintéticas en los años sesenta provocó el cierre de numerosos obradores tradicionales y obligó a muchas familias callosinas a emigrar fuera de España en busca de trabajo. Frente a ese escenario, la empresa apostó por modernizar maquinaria, buscar proveedores fuera de la provincia y abrir nuevas líneas de producción.

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Esa capacidad para adaptarse sin romper con su origen ha permitido a Antonio Cascales Gómez mantener vivo un oficio ligado a la memoria industrial de Callosa de Segura, combinando la tradición del cáñamo con materiales técnicos de última generación destinados a sectores altamente especializados.

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