El ascenso del Hércules a Segunda en 2005: indulto tras seis años en el patíbulo
El Hércules de Mandía ascendió a Segunda en 2005 tras sobrevivir a una etapa en la que estuvo al filo de la desaparición y en la que lidió con dos suspensiones de pagos

Sergio Fernández y Carlos Pérez, en primer término, tras el gol de Nano. / RAFA ARJONES
En la noche del 31 de julio de 2000 el Hércules estaba a punto de pasar a ser un recuerdo. Una prórroga milagrosa tras el envío in extremis de una documentación salvó al Hércules, cuya deuda entonces era de más de 314 millones de pesetas. Un día más tarde, a las 20.50 horas del 1 de agosto, tras 11 horas de negociaciones, la Comisión Mixta de la AFE daba luz verde: el club alicantino pagaba 190 millones, esquivaba el descenso administrativo a Tercera y, por ende, su desaparición. Era una de las infinitas muescas que iría adquiriendo el ajado revólver de un Hércules que tras seis años en Segunda B sacaba de nuevo la cabeza el 25 de junio de 2005. «Alicante celebra la otra cremá», tituló entonces INFORMACIÓN.

Éxtasis en Luceros / RAFA ARJONES
Aquel fue un día de ascenso tranquilo, el Rico Pérez colgó el cartel de no hay billetes porque la fiesta estaba asegurada: el Hércules recibía al Alcalá tras haberle ganado 1-3 en el partido de ida. El conjunto que entonces entrenaba Mandía se adelantó primero con gol de Nano y el partido terminó con empate. Apenas dio tiempo para más. Al pitido final le siguió otra invasión de campo, como 20 años atrás con el Castellón. Esta vez fue otra generación, como ayer lo vivieron en primera persona miles de jóvenes, también dos décadas después.

Cámara, en ropa interior, da la vuelta al campo / RAFA ARJONES
Era un equipo aquel en el que sobresalían jóvenes como Sisi y Miguel de las Cuevas, veteranos como el citado Cámara y los defensas Sergio Fernández y Castro y jugadores con mucho oficio como Nano, Merino o Jordi Martínez. En el esprint final por el ascenso Javier Subirats, secretario técnico, sumó a la plantilla al portero Butelle y al nueve Kiko Ratón. Ambos aportaron en el «play-off».

Bengalas en la celebración en una plaza de los Luceros abarratada / RAFA ARJONES
El Hércules estaba de nuevo en Segunda División y lo hacía con un nuevo propietario desde su última estancia, un Enrique Ortiz que había heredado una gestión nefasta de Asensio. El club, tras dos suspensiones de pagos y ya sin ser propietario de su estadio, se había visto obligado a compartir el Rico Pérez con el Alicante, con lo que entonces aquello supuso. Ajeno hasta en casa propia. Sin embargo, ese ruido –como hoy- agitó a una afición que no cesó de arrimar el hombro: se manifestó en el Ayuntamiento para evitar la desaparición en julio del 2000, llenó el estadio y aupó a quienes lo merecieron en el campo. La poltrona presidencial la ocupaba entonces un empresario oriolano, Valentín Botella, tras varios cambios en poco tiempo y después de que Ortiz viera necesario un segundo plano.

Invasión de campo tras el ascenso / RAFA ARJONES
Volviendo al día del ascenso: pasó todo lo que pide una efeméride como tal. Casi 30.000 personas en el estadio, colas físicas en las taquillas –este 2024 fueron colas frente a una pantalla-, reventa, bengalas, autobuses descapotables y promesas de políticos. En el palco no perdieron detalle Zaplana y Camps (aunque no cruzaron palabra) y este último prometió el marcador electrónico que estrenaría el club en la siguiente temporada y que aún luce el Hércules. Pasado el partido, los goles y en medio de la invasión, Rubén –el portero hasta que ficharon a Butelle- salió a hombros para homenajear a Humberto, que había fallecido un año antes, en julio de 2004. Los valencianos Merino y Carlos Pérez encargaron dos tracas de 50 metros y las encendieron a pie de césped. Fue el primer ascenso con móviles en la mano, aunque sin redes sociales. Algunos recuerdos imborrables todavía quedan entre los más cuidadosos. La locura por el Hércules llegó al foro Machohercules, el rincón digital de la afición antes de Twitter, porque los cibernautas pagaron el viaje a un hincha argentino del Hércules, Fede Caí. Su nombre también retrotrae a tiempos a los que siempre uno quiere volver. Tras aquello la afición inundó Luceros y el equipo se dio un baño de masas en el autobús y se bañó en la fuente.
Aquello sería el germen de un lustro que acabaría con el ascenso a Primera en 2010, el último que cantó la magullada afición del Hércules hasta el del día de ayer, el primero de día.
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