Desde siempre hemos estado escuchando que el desayuno es la comida más importante del día. Pero esta creencia está siendo cuestionada por los nutricionistas que llaman a huir de este viejo axioma. La alimentación, o las comidas, de todo el día son igualmente importantes, no sólo el desayuno. Pero en lo que sí están de acuerdo es que si quieres adelgazar esta primera comida debe ser cuidada. Y más si madrugas.

El primer mito que hay que desterrar es la asociación de que hay que desayunar algo dulce. La industria alimentaria y la publicidad nos han hecho creer en este concepto como cierto y por eso nos atiborramos de productos que hacen que nuestro cuerpo sufra una rápida subida de azúcar que nos deja saciados. Pero esta sensación no es del todo real. Habrás comprobado que muchas veces a las tres horas de desayunar vuelves a tener hambre, sobre todo si te levantas pronto y comes tarde. Entonces paras y te tomas un aperitivo en el que normalmente volvemos a abusar de los ultraprocesados. Error. No son ni las 12 de la mañana y has ingerido más calorías de las necesarias.

Para controlar esto tu forma de desayunar tiene que cambiar de forma radical. Debes ingerir alimentos naturales como fruta o leche. No le tengas miedo a los lácteos ni a los cereales. Tienes todo el día por delante y acabarás gastando esa energía que te proporcionan. Lo más importante de todo es que la comida sea saciante.

Combinando fruta, avena y lácteos el desayuno puede saciarte para toda la mañana. Así evitarás muchas calorías innecesarias. Y otro consejo: lleva al trabajo algo de fruta. Así si tienes hambre a media mañana podrás evitar los insanos ultraprocesados. También tienes que tener siempre a mano una botella de agua e incluso puedes optar por tomar alguna de estas bebidas antes de irte a dormir.

La clave es que el desayuno no suponga un exceso de dulce. Para ello vas a tener que esforzarte un poco y no porque los alimentos sean menos apetecibles (las fresas con queso fresco por ejemplo son una gran opción), sino porque a lo mejor vas a tener que preparar el desayuno la noche antes y dejarlo en la nevera para disfrutarlo por la mañana.

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